Sade y yo

Tengo un par de gustos semi culpables, uno de ellos es el Marqués de Sade, me ha costado de hecho un par de etiquetotas de PERVERTIDA, SUCIA, ENFERMA…

Y cosas por el estilo

He aquí un fragmento que me en-can-tó:

Si habláramos de filosofía ideal, contemplaríamos dos aspectos: primero, considerar a Dios como creador del genero humano y, segundo, reconocer los fines que Él ha dictado para el hombre. No se necesitaría nada más, pues con base en esto solamente, el hombre sería capaz de establecer reglas de conducta para orientarse en el camino de la vida.

Pero uno podría preguntarse: ¿Qué pasaría si, conforme el hombre recorre ese camino, comprobara que cada una de las reglas estuviera equivocada? ¿Qué tal si esas reglas suyas –aunque se hubieran concebido muy lógicamente –lo llevaran por entre zarzales y espinos, en tanto que los hombres que las desobedecieran caminaran felices sobre pétalos de rosas? Si eso sucediera ¿no se justificaría el abandono de esas reglas?, ¿el nadar como va la corriente, en lugar de luchar contra ella?

No. Hay que cuidarse de tales razonamientos erróneos. En la base de la filosofía radica la verdad, y ésta es absoluta. Si no logramos entender la verdad y el plan infinito de Dios, no debemos culparlo a él, sino a nuestra poca inteligencia.

Por tanto, la finalidad de la obra que comenzamos será demostrar que la virtud, presentada a un alma expuesta a la corrupción mundana, pero que todavía conserva los lineamientos de la verdad, llevará de nuevo a esa alma por el camino de la justicia y el bien.

Por desgracia, para lograr este propósito, tendremos que narrar una gran cantidad de maldades que abruman a una bella joven de carácter tierno, y describiremos los goces y deleites frecuentes de quienes la atormentan. También nos veremos en la necesitad de poner en las bocas de personajes diabólicamente falso, filosofías y ataque monstruosos a todos los valores que son tan apreciados por los hombres de bien. No obstante, puesto que tal presentación es esencial para demostrar la verdad, el lector no podrá dejar de perdonarla, como tampoco dejará de beneficiarse al ver los falsos razonamientos del infierno mostrados de manera tan franca.

Donatien Alphonse Francois de Sade

Justina

Este prólogo de Sade te relaja para lo que viene más adentro, página a página.

Sinceramente, me gusta, pero no quisiera ser Justina, nunca.

Si de plano no sabes de quién habló da click aquí.

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