Había una vez

Un tipo que me encantaba, que era mi mejor amigo, y de repente todo cambio, de repente se alejó de mi, de repente me dejo sola. Y hoy solo quiero estar con el, te extraño, y te necesito ojalá leyeras esto, pero de sobra se que no lo harás. Pero aún así lo hago, porque tengo un maldito tick que me dice que tengo que escribir lo que siento para sentirme viva aunque la mitad de mi haya muerto cuando te perdí.

Aquellas noches escuchándonos. De verdad te extraño.

Pero por ahora…

El frasco
Hay perfumes que en toda materia hallan igual
lo poros. Díriase que iltran el cristal.
Cuando abrimos un cofre venido de oriente
y cuya cerradura rechina levente.
o bien, en una casa desierta, algún armario
que exalando vejez se pudre solitario
encontramos, a veces, ese frasco olvidado,
alma-aroma a la que hemos resucitado.
Pensamientods dormidos, cual fúnebres crisalidas
latiendo dulcemente n lejanías pálidas,
las alas entreabren en un vuelo sonoro,
tintas de azul, lunadas de rosa, vivas de oro.
Y ya revolotea el recuerdo embragante
en el aire: los ojos se cierran al instante. Él vértigo posee nuestra alma vencida
y la lanza otra vez a lo hondo de la vida.
La tumba borde de un abismo milenario,
dide -Lázaro ungido, desgarrado el sudario-
resucita el yacente cadaver espectral
de un viejo amor, a un tiempo hermoso y sepulcral.
Así, cuando de mí ya no quede memoria,
podré gozar aún de una siniestra gloria,
cuando me hallen igual que el frasco olvidado,
decrépito, podrido, sucio, abyecto, humillado.
Yo seré tu féretro, amada pestilencia,
vertigo de tu fuerza y de tu virulencia.
¡Veneno preparado por los ángeles! ¡Licor
que me fue comiendo!… ¡oh vida, muerte, amor!
Charles Baudelaire
Las flores del mal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *