Citas

Desde hace un buen tiempo no he enriquecido este blog, con citas de malucos de los libros que he leído.
Para comenzar el año, habrá que retomar esta bonita costumbre.

-Pues bien, Momo: escúchame bien –comenzó por fin.

Momo llevaba intentándolo todo el rato. Pero resultaba mucho más difícil escucharle a él que ha todos los demás, a los que había escuchado hasta entonces. En otras ocasiones, podía simplemente introducirse en el otro y entender lo que quería decir y lo que era realmente. Pero con ese visitante no lo conseguía. Cuantas veces lo intentaba tenía la sensación de caer en la oscuridad y el vacío, como si no hubiera nadie. Eso no le había ocurrido nunca.

-Lo único que importa en la vida –prosiguió el hombre-, es llegar a ser alguien en la vida –prosiguió el hombre-, es llegar a ser alguien, llegar a tener algo. Quien llega más lejos, quien tiene más que los demás, recibe lo demás por añadidura: la mistad, el amor, el honor, etcétera. Tú que quieres a tus amigos. Vamos a analizar esto objetivamente.

El hombre gris expulsó unos cuantos anillos de humo. Momo escondió sus pies desnudos debajo de la falda y se arrebujo todo lo que pudo en su gran chaquetón.

Momo
Michael Ende

-¿Ya has dispuesto alguna cosa, Astruc? –preguntó Isaac.
-Eso mismo iba a preguntar yo –dijo mi madre, antes de darle tiempo a abrir la boca-. Cuanto antes hagáis este viaje, antes regresaréis a nuestro lado. Además, la muchacha no va a poder retener todas aquellas palabras en su cabeza por mucho más tiempo, de eso estoy segura. Se pondrá enferma si sigue así.

-Ya he hablado con el rabino de Perpiñán –respondió Astruc, mirando primero a mi madre y a Isaac, y luego, por un momento que me pareció eterno, a mí-. Dice que podemos casarnos cuando queramos, aquí que he pensado que podrían celebrar la ceremonia dentro de siete días, para la luna nueva.

-Me parece muy bien –dijo mi madre. Y volviéndose a mí, arqueó las cejas, me miró fijamente y preguntó.

-¿Te parece bien a ti?

Lucía Graves
La casa de la memoria

…¿Cómo hubiera sido entonces su mente, famélica casi hasta el límite? Su cuerpo y se podría haber salvado a sí mismo, pero la mente no. Y en el mundo ella hubiera pillado, matado, donde era posible, tal como hacían esas criaturas. Así fue como ella lo explicaba. Pero, ¿Qué las había creado, cómo habían empezado? Eso era lo que ella no podía explicarse y lo que le daba esperanzas de descubrirlo cuando yo ya no tenía ninguna, de puro cansancio.

-Ellos procrean su propia especie; eso es obvio, pero ¿cómo empezaron? –preguntaba ella.

Y entonces en algún sitio de las inmediaciones de Viena, me hizo una pregunta que nunca habían pronunciado sus labios. ¿Por qué no podía yo hacer lo que Lestat había hecho con ambos? ¿Por qué no me podía yo crear otro vampiro? No sé por qué al principio ni siquiera la comprendí…

Anne Rice
Entrevista con el vampiro.

…son las deidades quienes envían la opulencia, Pero no me provoques demasiado a venir las manos, ni excites mi cólera: no sea que, viejo como soy, te llene de sangre el pecho y los labios; y así gozaría mañana de mayor descanso, pues no creo que asegundaras la vuelta a la mansión de Odisea Laertida.

Homero
La Odisea

-Me creerá –reanudó Padilla- si le digo que en mis muchos insomnios de soltero descontento de sí mismo, la tuve así ante mí… Salí enseguida de Buenos Aires sin ver casi a nadie y menos a mi fllirt de gran fortuna… Volvía a los ocho años, y supe entonces que se había casado, a los seis meses de haber ido yo, Torné a alejarme y hace un mes regresé, bien tranquilizado ya, y en paz.

Horacio Quiroga
La muerte de Isolda

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *