Meditaciones de Media Noche 2006

“…Ella no pensaba en estas cosas. Estaba allí con él, simplemente, por cómo era él, por su manera de escuchar la música, por la vehemencia y la seriedad del blanco mosaico de su cara, en la que, sobre unos rasgos marcados por una íntima y larga relación con el infortunio, se dibujaba una expresión de fascinación y asombro…”

Niall Williams
Como en el cielo

¿Cuánto tiempo ha pasado? Creo que dos años, y siento como si hubiera pasado una eternidad, todo comenzó como un juego, un juego macabro en el que estábamos los dos, y un par de metiches más. Un día desperté, sabiendo que pasamos la noche juntos, sin palabras, sin roces, si acaso un hola y un hasta luego. Sabiendo que te quería, sabiendo que definitivamente ibas a marcar mi destino de manera definitiva.

Nos conocimos por accidente, en un andén del metro, yo iba caminando, completamente ajena a este mundo, soñando despierta con un disco nuevo, aun con empaque sin destrozar en mi bolsa. Soñaba, con como se escucharía en casa, sin tanta gente alrededor. Tropezamos y todo el contenido de mi alcoba portátil cayó al suelo, ya había comenzado la retahíla de saludos a tu olvidada madre, cuando, a dos pasos diste la vuelta y me ayudaste a recoger todo. Sin palabras, solo una mirada y una sonrisa cómplice, como si ya hace mucho lo hubieses planeado. Ahora entiendo esas miradas insistentes que sentí. Y yo, echándole la culpa a mi delirio de persecución citadino. Finalmente, en mi cueva, porque eso es mi alcoba, descubrí una tarjeta, que no había depositado ahí, en el disco…

Ahí estaba tu nombre, tú número y un “Te invito un café”. De momento no me interesó, pero el natural chillout casi me dijo a gritos “llama ahora” Normalmente, no lo haría. Pero esa curiosidad felina que mi gata me enseñó muy bien, me hizo tomar el teléfono y marcar el 5… me contestó una voz muy rara, cálida, y casi familiar.

Cuando dije mi nombre, no te sorprendiste, hacía tiempo que me esperabas. Entonces, finalmente dijiste que nos conocimos hacía mucho tiempo, en la escuela. Cuando yo era un fresa con F mayúscula, y tú un ñoño pero metalero, razón, por la que nunca te hablé, y alguna vez, hicimos un trabajo. Finalmente el velo del Alzhaimer cedió y te recordé. Ese día, por casualidad levantaste la mirada de tu libro, intentando reconocer una cara, una cara, a la que quisiste mucho –pero yo ni me había enterado- pues pese a mi condición de fresa antisocial jamás te atreviste a tratar, y para cuando lo intentaste, ya era bastante tarde, pues estaba a punto de largarme a la madre patria en plan de turista y acabé como ciudadana del mundo. Cazando música para mi colección personal y algunas fotos bien guardadas en mi disco duro. Dijiste:

Comencé a tomarte cariño cuando chocamos en el pasillo de la escuela y cayó uno de tus libros, y al ver que se trataba de uno de mis favoritos y después de ver como dejaste en su lugar a la maestra de Química que a todos nos tenía aterrorizados, con las mismas palabras que yo habría utilizado… me impresionaste realmente.

Unas palabras más, nombres de discos y un montón de recomendaciones literarias, pactamos un café en San Ángel.

Discos, libros, paisajes, lugares y recuerdos, nos hicieron preguntarnos porqué dejamos pasar tanto tiempo. A partir de entonces, nos convertimos en los amigos, que superados los traumas de la edad, pudimos haber sido hacía mucho tiempo.

Entrados ya en confianza, varios meses después, nos contamos de nuestros fallidos matrimonios, y de los hijos que ambos perdimos, el tuyo, por una sobredosis, cuando tenía dos años… por culpa de un limpiador con aroma a limón y la mía en un canal de Venecia, cuando se asomó más de la cuenta por la ventana del hotel.

Unidos por un dolor, y unidos por una vida que transformó de un sueño maravilloso a un final digno de Tarantino.

El matrimonio no estuvo en nuestra lista de indispensables, así que de amigos, pasamos a amantes, y en una de esas lunas de miel que nuestros trabajos permitían, Atenas… el principio de la antesala del infierno. Al llegar al aeropuerto, perdimos nuestras maletas, y al llegar al hotel, nuestras reservaciones se perdieron en el todo poderoso sistema que siempre falla, finalmente nos entregaron nuestra habitación, y ya con el coraje a nivel, conocer la ciudad de noche se convirtió en una llamada que no desoímos.

Frente a la playa, con el Egeo enfrente, con la luz de la luna llena, de un color azul pálido y el Partenon a un lado, nos entregamos a eso que solo los enamorados se entregan. Yo, antes había bebido un poco más de la cuenta, y después nos adentramos un poco a las olas… craso error, pues yo terminé en el hospital. Descubrimos entonces que estaba embarazada, y qué, no habría forma de salir de país en ese momento pues estaba a punto de perder a la criatura. Siete meses en cama extranjera, y cuando nació, finalmente la niña, no cabías de gozo, hasta que horas después murió por una falla en el corazón, y te dijeron, que yo también había muerto…

Regresaste a la playa, y como último acto te adentraste en el mar, hasta desaparecer.

Yo desperté en la morgue, rodeada de cadáveres… con solo una sábana encima. Horas después, me dijeron el destino de la niña, y dos días más, al echarte en falta, llegaron con la noticia, tu cuerpo fue hallado en alta mar… Tuve un ataque y me sedaron, en sueños, me decías, que nos volveríamos a ver muy pronto… Al despertar me pregunté, por qué no morí en verdad. Regresé a México hecha pedazos, hundida en mi casa. Sin saber que hacer. Este es mi último acto, dejando como testigos a las paredes de mi casa, y como fondo Last Tango in Paris, para entregarme ahora si, en el Hades. Esperando que cumplas tu promesa de encontrarnos en el hades, con nuestras hijas, con esa vida que no fue.

“… A primera hora de la mañana siguiente, el teléfono volvió a despertar a Stephen.

Salió al pasillo con su traje descosido y, por una línea muy clara, oyó a Hadja Bannerje decirle que su padre había muerto aquella noche…”


Niall Williams
Como en el Cielo

Cortesía de mi perversa mentecilla, en un regreso de Meditaciones de Media Noche.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *