Nada que celebrar

Nada que celebrar. Ayer, día internacional de la mujer, no es que no me guste ser mujer, si no todo lo contrario, me encanta.

Pero me encanta serlo ahora, y no me habría gustado para nada haber nacido, tal vez, en 1950.

Si me tratan como me tratan en casa, y en muchos otros lugares de cuyos nombres no quiero acordarme.
Por ejemplo, por no tener mi cuarto en orden –porque la neta la neta, el desorden es lo mío y cuando me pongo a ordenar sieeeempre pierdo cosas- recalcan que mi primo hijo de la tía no sé que hermana de no se quién, ordena sus cosas y lava su ropa, recalcando la siguiente frasecita que me vuelve loca “y es hombre y tú que eres mujer mira nada más”

Cómo me enferma. Para eso murieron mujeres, sin contar tortura y demás, para que yo tenga la libertad de hacer lo que me venga en gana con mis cosas.

Para este punto, no cabe la menor duda que soy feminista. Crecí entre mujeres, se supone que en casa mandamos nosotras –y digo nosotras, porque somos cuatro viejas y mi padre en la misma casa- pero, no puedo hacer cosas que la mayoría de los hombres si pueden, y que de haber nacido machin si podría hacer, como largarme de fiesta, ponerme ebria, o leer una cantidad obscena de pornografía o literatura erótica sin que me digan nada.

Libros de sexualidad, tengo montones, pero en la mesa, cuidadito y abro la boca y digo algo siquiera que insinúe semejante cosa. Bueno creo que estoy exagerando, definitivamente, para la familia mexicana estándar es un cliché maravilloso. No sé me ocurre que pasaría si fuera hombre, pues me fascina ser mujer, los vestidos, los zapatos (si encontrara de las dimensiones de mi enorme pata), la música fresa que de ser hombre tendría que guardarla en el closet, Sex and the City, aunque tenga que esconderme para verla, los escotes, tacones, no pagar cover en un montón de antros, hombres. Aunque si fuera gay también me gustarían.

En fin, me en-can-ta. Ser mujer. Lo que no me gusta es la actitud de cierta gente. Comencemos con, mi hermosa y maravillosa familia consanguínea. La abuela, la madre y las tías metiches.

Qué se habrían maravillado si yo hubiera nacido con ese cromosoma defectuoso mal llamado Y –hombres, no se me ofendan- . Porque tendrían quien las defendiera, y sobre todo podía proteger a trancazos mi ser. Sin contar que no tendría la menor obligación de lavar trastes sucios, limpiar mi cuarto, aprender a cocinar o entregarme al vicio en público.

Hace unos días yo estaba en la cocina haciendo mis experimentos comestibles, cuando escuché, o mejor dicho, fui parte de un complo’ porque querían que escuchara cada una de sus venenosas palabras, cuando comentaron que el vecino de enfrente estaba ayudándole a su madre con los quehaceres de la casa, porque ella tenía que atender a sus dos nietos de sus hijas desobligadas de 19 y 20 años que tuvieron a mal enamorarse de un par de estúpidos que las dejaron botadas con todo y chamacos, que ya no estudian por su estupidez, de haberse embarazado en el momento equivocado, de ser, mujeres.

A las que si bien la información la tenían no la usaron. Qué fácil, criticar, sin conocer la historia básica de la persona que se critique aunque yo tengo la mala costumbre de practicar el sano deporte del viboreo a diestra y siniestra. Qué maravilla, un hombre puede tener montones de hijos, pero ¡ay de una mujer que se atreva a tener un hijo siendo soltera!

Se me olvidan las mujeres de las zonas indígenas, que son vendidas por un par de chelas, que el perro tiene más derechos que una de ellas. Se les olvida que sin mujeres no habría hombres, aunque tampoco al revés. Nos necesitamos aunque acabemos peleando por grandes cosas o nimiedades.

Solo quiero tener los mismos derechos en la vida real, y no solo en la carta magna. No quiero que me insulten porque hago cosas que solo los hombres tienen “derecho” a hacer.

P.D. También quiero un boleto a Madrid sin regreso definido. Quiero ser Dj, y que me dejen en paz si quiero largarme a ver a un DJ de adeveras.

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