De los sueños y las pesadillas T I Ë S TO

Al llegar a casa, con una sonrisota en la cara, y sumamente cansada… no podía dormir, en parte porque mi hermana no dejaba de dar vueltas en la cama y otra por la luz, pero, sobretodo por el recuerdo de lo que acababa de vivir en compañía del cuarteto de la muerte, y que la sexta y última puerta, estaba por abrirse frente a nosotras: Dj Tiësto.

Sandy, después de vera Paul van Dyk había dicho “A ese hombre lo sacaron de mis sueños y me lo pusieron enfrente de las tornamesas”. Cosa, que también diría de Tiësto, pero no sin razón. Pues de el tiempo que llevamos consientes de que nos EN-CAN-TA la música electrónica, PVD y el señor Tijs eran faltantes en nuestra agenda clubber, en parte por falta de tiempo, en parte porque cuando los trajeron antes, coincidían con fechas de exámenes….

Esta vez, esa barrera se habría roto.

Yo, había quedado de ir a la plaza de toros antes que ninguna, para ver lo que sería nuestro hábitat nocturno, pero cuándo finalmente caí en los brazos de Morfeo., no’mas no puede y mi prima Tania, que por cierto es varios años menor que yo, se engolosinó maquillándome… Pero como regalo navideño, mi padre y mi tía me salieron con una de esas cosas a las que llamo. “MAMADA” así, en mayúsculas. Que empañó un poco la presentación de Tiësto ante mis ojos.

Ya se me hacía muy sospechoso que no me arruinaran la fiesta –como es su “bonita” costumbre- a la mitad, o que no hubieran protestado demasiado cuándo llegué a eso de las siete de la mañana a casa.

En fin, me olvide de comer por culpa del coraje, y el exceso de condimentos. Finalmente llegué al sitio dónde Sandy y Angie me esperaban para dirigirnos a casa de Gaby. Con el dolor entre las manos, y las lágrimas a punto de correr por todo el camino, llegamos hasta la morada de Gabriela ¡Qué más da vamos a ver a Tiësto! Me decía a mi misma mientras caminábamos.

En lo que ellas preparaban los carteles y demás instrumentos ahora indispensables en cada fiesta, yo estaba de enferma viendo los videos de fiestas anteriores, algunas donde nos habríamos encontrado a Gaby, y no lo sabíamos, como la Deep Dish el año pasado.

Cuándo todo estuvo listo, no podíamos dejar pasar la oportunidad de tomar la bonita y enferma foto del recuerdo, cuándo todavía estábamos presentables.

Pero nuestra ya crecida –no mucho- experiencia en fiestas nos ha demostrado que llegamos hechas unas reinas y acabamos, casi, como pordioseras.

Volviendo al tema.

Ya en el auto de Gaby, mientras escuchábamos algo de Armin, pues la enfermedad, aún estaba a todo lo que daba, desde que el día anterior habíamos tenido demasiado cerca para nuestras neuronas, pero demasiado lejos para nuestras hormonas. El trayecto acrecentaba aún más nuestras expectativas ¿Sería tal como lo habíamos soñado por tanto tiempo?
La respuesta estaba a pocos minutos de golpear nuestras almas.

Cuando, finalmente, logramos estacionar el auto, y nos dirigíamos a la plaza de toros, yo, para variar, tenía diez mil madres en las manos, y unas cuántas miles más en la cabeza, junto con el cansancio del día anterior además del berrinche patrocinados por mis “parientes”, y por estar pendiente de lo que traía en las manos, se me atravesó un tubo, de esos como los que ponen fuera del súper, para que no se vuelen los carritos.

El ataque de risa por parte del resto del cuarteto de la muerte, no se hizo esperar, es más, si yo no hubiese estado muy ocupada reacomodándome el ajuar y las madres de las manos, también me habría botado de la risa de mi misma. De verdad, no es común tanta estupidez ¿O si?

Nuestros boletos decían puertas 3 y 4, y nos dirigimos hacía allá. Pero al llegar se nos hizo muy extraño que hubiera tanta gente, tomando en cuenta que era VIP, mientras Angie y yo nos quedamos formadas, por si acaso, Sandy y Gaby, fueron a preguntar si se trataba este, de nuestro acceso.

La respuesta: “No, el acceso para VIP es en la puerta principal”.

Cierto alivio, y cierto hastío por parte de mi cuerpo mientras caminábamos hacía allá.

Al cruzar la puerta, el primer trancazo, era el escenario, yo me esperaba el del video de Traffic, pero este tenia cuatro pantallas, gi-gan-tes-cas.

La primera sorpresa: Las pinches escaleras. Casi tan barridas y empinadas como las de la pirámide del Sol… al menos, en mi estado de ebriedad mental, así era. En los primeros escalones, al cierre de mi falda, le dio frío y se soltó, y para rematar, por distraerme con la falda, uno de mis zapatos casi se sale de mi pie. La caída desde ahí, si me daba miedito y para colmo, los de seguridad, pidiéndome el boleto.

Angie reacciono rápido, y como pudo logró subirme el cierre, mientras Sandy estaba ya más adelante que nosotras, y Gabriela volteaba a ver que pasaba.

Nada más de imaginar la cantidad de huesos rotos, y sobre todo no haber visto a Tiësto, me revuelven aún el estómago.

Cuatro retenes más y llegamos a donde matan a los toros. El lugar, al menos el VIP ya estaba casi hasta el tope, mientras faltaba casi una hora para que el set más pesado del año, al menos, para su humilde bloggera de confianza, comenzara.

Después de media hora, el cansancio, el berrinche, y no haber comido ni madres, comenzaron a hacer mella en mi presión arterial. Así que buena parte de la espera, me la pasé recargada en la valla de seguridad oyendo música y escuchando, lejana la conversación del resto del cuarteto que estaba más consiente que yo.

De repente, se oscureció la plaza, y unas llamas anunciaron la entrada de Tiësto. Según me contaron llegó brincando, pero yo me perdí ese precioso momento por estar peleando con mi baja presión y el dolor de estomago.

Dance 4 life, fue el primer impacto para nuestros oídos, haciendo que la plaza entera se llenara de gritos eufóricos… Love comes again, hizo que mi cuerpo reviera, y que mi alma dijera “de aquí soy “… Just be, y de milagro no se me salieron las lágrimas.

No recuerdo que siguió de Just be, pues ahí comenzaron los problemas con mi cuerpo, que ya protestaba por mi negligencia. Lo siguientes minutos, me parecieron largas horas, estaba debatiéndome entre desmayarme en paz y caer inconciente a los pies de Tiësto o seguir viéndolo y tratar de bailar.

Llegó un momento en que ver directamente a Tijs, me hacía mal, y opte con todo el dolor de mi alma, y el de mi hígado, en bailar o medio moverme agarrada de la valla y ver a ese hombre desde las pantallas, por que en serio, me hacía daño verlo directamente.

Los lásers hacían que los aviones parecieran parte del performance, no había persona en las gradas sentada, todos estábamos adorando a ese hombre que gozaba teniéndonos al límite en las tornas, con un stage giratorio. Yo ya no podía más desde la mitad del set, pero mi alma se rehusó por completo a abandonarlo, y aunque muriera ahí, esas horas, nadie me las iba a quitar, aunque pero, pedía entre dientes que ya terminará.

Pues Tiësto era un sádico que me hacía moverme desde de la inconciencia de lo más extraño de mis entrañas, el sabía que gozábamos con tan solo verlo, y así nos lo demostró porque conforme avanzaba la noche, subía de intensidad, track por track. Para cuándo llego el turno de Traffic en las boinas, no sé cómo volví a saltar y a gritar. Finalmente me sentí en el límite de la enfermedad de clubber…, pero, terminando la rola, mi cuerpo volvió a protestar y de plano solo movía ya una pierna o me iba a desmayar.

Así permanecí un buen rato mientras mi alma y mi cuerpo discutían en mis adentros: una decía “estás desperdiciando el set” y la otra decía “más vale descansar un momento, o vas a acabar en el hospital”

Para distraerme del dolor, le pedí a Sandy la cámara para tomar fotos desde otro ángulo, de ese hombre que podría etiquetar de maldito, pero hacerlo sería una completa injusticia, porque es peor que maldito, haciendo sangrar los más grandes recuerdo de buena parte de los ahí presentes, moviéndonos con el calor que solo puede salir del mismo infierno… y a todos nos en-can-tó. Al regresar a dónde habíamos instalado el cuartel, se me cayó el encendedor. Pero mientras lo recogí y encendí el cigarro para aumentar mi ritmo cardíaco, y cumpliendo con el ritual post orgasmo acústico, los primeros beat’s de LA rola que partió en dos mi vida, comenzaron. En ese remix, hecho por el propio Tiësto a Silence, de Delirium. La fuerza volvió a mi, mientras y les decía a Sandy y a Gaby “Que hijo de la chingada” y Sandra me contestaba con una frase de un gran cuate “No, hijo de las siete mil putas”. Sara Mclahan cantaba para deleite de cada una de mis memorias más preciadas.

Si después de ver a ATB en el City Hall, cuando Rank 1 ka puso me hinqué frente a la cabina, ahora quería arrancarme las venas y entregarle mi sangre ese hombre, malditamente perverso.

Se me acelera el pulso de solo recordad. El final se acercaba, ahora si lo presentía, y contada la culpa que nunca había sentido, he de confesar, que casi lo agradecía, no sé como fue, en parte por mi casi inconciencia física y psicológica, cuándo y con qué rola Tiësto se despedía de nosotros, arrojando un segundo par de audífonos a la multitud, pues el primero, autografiado, en algún momento de Traffic, lo arrojó, o después, si alguien lo recuerda, mienteme la madre por la imprecisión, por favor.

Finalmente Tiësto desapareció, presumimos que por el VIP más VIP y las palabras fatales, The End, aparecieron en todas las pantallas.


Mis sueños se quedaron cortos, y ahora si, con las luces encendidas, emulando una tarde artificial, con estrellas de fondo, que por alguna extraña suerte del Destino se veían en la Ciudad de México y con cara de orgasmo, las cuatro tratábamos de asimilar que ya había terminado.

Fume mi último cigarro mientras entre gritos, discutíamos porque ese hombre era el más sabroso, porque fue el set más duro de toda mi vida hasta el momento, y lo diferente que es estar en un VIP de un masivo. De la gates, con todo respeto de los gatos
De poner baños portátiles en dónde salen los toros y el olor a establo junto con el de la mierda, hacían mucho más que desagradable pasar siquiera por ahí.

Con el permiso del cansancio, me quite los zapatos, y caminé entre los papelitos que arrojaron como a la mitad del set.

Ahora, la odisea de la salida.

Así que en parte era matar el tiempo y en parte para creérnosla le pedimos a alguien que nos tomara una foto. Ya sé que está bien enfermo, pues Tiësto desde hacía un rato ya no estaba ahí. Nada importaba, nos lo merecíamos.

Mientras alguien se peleaba en la ENORME fila de salida, entorpeciendo aun más la huída de la gente cansada como nostras… Cuándo llegó nuestro turno de irnos, optamos por salir del camino y sentarnos a tomar más fotos enfermas del stage ahora desde arriba.

Increíblemente, apenas eran ¡LAS TRES DE LA MAÑANA!

Terminamos la velada, con una escala en un Oxxo, en el piso del cuarto de Gaby, que por cierto, la única que consiguió acompañarse de Morfeo fue Angie.

Cuando salió el Sol y rumbo a nuestras casas… no podíamos creerlo, simplemente, el año había terminado esa noche y nuestro broche se había cerrado.

Después de Armin y Tiësto, mis holandeses favoritos, esta ba muerta y dormí casi dos días.

Esta es la crónica de dos días de vivir en orgasmo y la manera en que el cuarteto de la muerte, de cerrar el año, decentemente

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