Confessions on the dancefloor

¡Cómo se nota que me trauma ese disco! Que por cierto es propiedad de mi hermana menor. Alias el can, pues es la mascota de la casa, y mi hermana es Jazmin, la gata, que tiene más glamur en su garra pequeña que mi dulce pulgas.

  • Continuando con mi maldito trauma de las confesiones, y qué me siento asquerosamente culpable, ahí les van unas:

    Espero que te acuerdes pero en la última tarjeta de cumpleaños que te dejé había un tachón y claramente se distingue un “29 de Agosto” en lugar de un “29 de Julio” es obvio que me confundí, pero de cumpleaños, pues era el de alguien más y yo, de imbécil no me di cuenta hasta que era muy tarde.

    Siempre digo voy a ir, pero a la mera hora me hago bien guey. Casi siempre es mi culpa, pero, ni hablar soy mujer y si, a veces lo hago a propósito o el Alzhaimer hace presa de mi maltrecho cerebrito.

    Me siento culpable, y ya no sé como pedirte disculpas.

    Apenas voy superando la trágica muerte de W FM.

    No están tan graves, pero, ni hablar. Siempre que la cago trato de no volverlo a hacer, pero irremediablemente mi condición de humana me hace tropezar con la misma piedra.

    Perdón por enésima vez.

No cabe la menor duda, es mi buena amiga la depresión que no me deja en paz.

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