Analizando un poco

Porque hoy me quede dormida para ir a mi clase de francés, y para acabarla no encuentro mi celular desde en la mañana que lo arroje dormida para que no me despertara, después de casi terminar -por fin- las Confesiones de Juan Jacobo Rosseau. He estado cavilando conmigo misma, porque acabaron gustándome más las tornamesas, los sintetizadores y demás amigos de esos dos, que las guitarras.

Y finalmente encontré la respuesta. Cuando era, mucho más pequeña, -como si mis veinte años fueran mucho tiempo- mi padre tenía la costumbre de poner HASTA EL HARTAZGO obvio de él, a los Rolling Stones, Pink Floyd, Metallica, y demás música con alto contenido de guitarras, -ya sé que Pink Floyd y aunque les pese son los papás de lo que hoy llamamos música electrónica-pero mis infantiles oídos aún no estaban listos para ello, y acabo HARTÁNDOME. A tal grado, que un día, tome uno de sus discos de los Rolling Stones, de esos que ni siquiera les había quitado el plástico y en venganza por no dejarme escuchar mis cuentos en la tornamesa -pues aunque no me la crean me tocaron viniles y bastantes años después cassettes- y lo tire (accidentalmente) al piso. Obvio me hizo el berrinche de su vida.

Pero creo, sin duda alguna, que de ahí viene la cierta repulsión que le tengo a las guitarras, y por ello me convertí en el ser fresa que soy ahora. No tenía nada, en ese entonces, de Elvis, ni de Frank Sinatra, pero, de Pink Floyd si, y mucho, apenas hace tres años, comencé a reconciliarme con ellos, pues mi padre, ya no tiene tornamesas, y casi no esta en casa, lo cual quiere decir que soy libre de poner lo que se me de la gana en las bocinas a todo volumen.

Ahora, me arrepiento de haber hecho añicos ese disco, pues voy viendo la funda, que mi padre guardo, viendo que era de importación, en los tiempos que conseguir música si era una misión imposible.

No me arrepiento, pues esa cara de “me zurras el culo” nunca se me va olvidar. La venganza, es dulce…

No cabe duda, y nada más por eso, aquí les dejo esto

En ese disco que le rompí que no recuerdo como se llama, venía la canción que más le gusta a mi padre, no sé como no me metió una golpiza… Angie, que aquí se las dejo, con una sonrísa, por un lado de aquella añeja venganza y por otro, de culpa, pues de haber sabido cuanto me iba a gustar ese disco después, no lo habría roto.

Si regresara en al pasado, me habría dado una tunda a mí misma. Ese tipo de pecados no se deben cometer, me cae.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *