Paul van Dyk en Mexico Vol. I

Estoy agotada, sinceramente y apenas y puedo entender cómo demonios es qué estoy frente al ordenador, tratando de escribir un post de, según la Dj Mag el Dj Número 1 del mundo. Sinceramente a estas alturas, diría que me da un poco de penita que me siga gustando tanto el mainstream, habiendo montones de proyectos en el mundo… pero bueno, no voy a negar la cruz de mi parroquia porque la neta sería muy hipócrita.

Sí, me gusta Paul van Dyk y ahora más que antes.

Este hombre es una de las referencias obligadas en la música electrónica, hay quienes no tienen ni la más puerca idea de quienes son Schiller, Armin van Buuren, Ferry Corsten, Antoine Clamaran, pero sin duda alguna, por lo menos, una vez en su vida, han escuchado este nombre, y quizá alguna rola llamada Tell my why, For an Angel….

Introducidos pues en el tema, amados lectores, procedo a describir a groso modo cómo comenzó todo.

Cuando tuve conciencia de qué demonios era la música electrónica, en el ya más o menos lejano 2000, el primer nombre que escuché fue Paul van Dyk, quién me fue llevando de la mano a otros ritmos, alejándome del trance hacía el tribal, hacía el house, el electroclash… en fin, todo lo que ahora constituye el monstruo que soy ahora, gracias a un hombre que vive en Saltillo y que seguramente ni se acuerda de mí llamado Enrique Moreno Cárdenas.

Gracias Quique, después de todo este tiempo no sé me olvida que es por ti (y antes de que se me enoje a Sandrita) es que hoy puedo poner en problemas a una base de datos como i like.

Pues bien, PvD es una parte de mi historia personal que no puedo dejar de lado, por más que diga que el maistream hace daño -si no me la creen veanme- me encanta.

El jueves me enviaron con la misión de comprar los boletos en el WTC, sinceramente esperaba masas desesperadas por conseguir los últimos boletos del alemán más famoso de las tornamesas, pero no, todo tranquilo. Al llegar a la oficina dónde tenía que ir, me encontré dos clásicos trajeados de las oficinas cercanas que iban por sus boletos, y sinceramente sonreí de la gracia que me da verlos bailando en una fiesta de trance.

Contrastando totalmente con la primera vez que vi a Paul en el Roots, dónde el lugar parecía metro Hidalgo a las siete de la mañana, dónde nuevamente gracias a maslabel -ya sé que parece que me pagan pero lo digo de todo corazón- pudimos disfrutar de un set bueno, pero naaaaaaaaaaaada comparado con este.

Nuevamente, me estoy adelantando a los hechos como es mi maldita costumbre, esperé mi turno como niña buena, en el piso 39 oficina 34 del WTC, pagué, firmé, pedí todo lo que pudieran tener de paul, para mi bonita y enferma colección, pero solo quedaba un poster, y ni modo, por consenso general, se lo cedimos a nuestra líder moral, nuestra nanager, cuasi gurú Sandy, que de todas, es la que más dañada está por Paul van Dyk.

Solo veinticuatro horas nos separaban de ver, nuevamente a uno de los dueños absolutos de la noche. Lugar dónde se presenta, lugar que está a reventar.

Y, luego les cuento, porqué me estoy muriendo de sueño.

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