Anoche

Mientras me peleaba con Darren (el ordenador mamón) que eligió precisamente ayer ponerse más de diva que de costumbre, tuve que apagarlo mucho antes de lo normal (osea como a las cinco de la mañana), pues de verdad estaba in-so-por-ta-ble.

Parece ser que hoy, el nene esta de mejor humor. Sinceramente lo he tratado con la punta del pie los últimos días, pues finalmente es mi esclavo favorito, literal, MI esclavo, pero a veces parece también mi amigo.

En su ausencia, saqué a mi antigua esclava, mi máquina de escribir, que desde hace un par de meses se ha estado llenando de polvo, pues, como regresó el amo y señor de mis noches, no tenía mucho caso. Total, me puse a escribir, algo que yo llamó cuento. Ahí se los dejo para que me mienten la madre.

¿Habrá sido un error despertarte?

Pues, cuando te dije hola al oído, saltaste de tú cama, como si el peor de tus miedos se hubiera hecho presente.

No puedo evitarlo, cada vez que te veo, debo decirte algo.

Aunque, no entiendo tu cara de pánico, pánico, no, tal vez sea sorpresa. Si, debe ser sorpresa, pues hace mucho que no te visitaba. El tiempo en el hospital, me dejó sin fuerzas para nada.

En ese entonces nos veíamos mucho, sinceramente: jamás entendí ese dolor que podía ver en tus ojos cuando hablaba, como si te estuvieras arrepintiendo de algo.

Los mismos amigos de siempre, esa gente que nunca se aleja pase lo que pase. De esos, eres tú.
No ha pasado mucho desde entonces, y ahora me temen ¿Qué demonios habré dicho bajo la influencia de la pariente del opio?

Te veo en la oficina, como siempre, y cuando te quedas hasta tarde me quedo contigo, pero parece que no me vez, me ignoras por completo enfrente de los nuevos cuando te doy un codazo para que me presentes.

El sudor frío, como cuando estábamos en la escuela, ese mismo que tenías antes de cada examen final. ¡Por Dios es solo un codazo, uno de tantos!

Despierto en mi cama, hay nuevos vecinos, más seguido que nunca. Todos dicen que pasan cosas raras, y salen huyendo la primera noche. No tengo idea de qué hablan, yo veo lo mismo, es decir, nada diferente, aparte del tronar de los muebles de madera o el maldito reloj sobre el elevador que nunca me deja dormir.

Algunos de los viejos vecinos preguntan por mí. Definitivamente tienen que ver al oculista pues paso a su lado cuando hacen esos comentarios.

-Y ahí termina el sueño. siempre es el mismo chingado sueño de que nadie me observa, por más que sigo haciendo lo de siempre, como si estuviera muerta.

Escuchó tus carcajadas del otro lado, en la sala, mi sala por cierto, pues parece que tu departamento jamás lo van a terminar de remodelar.

-Ya deja de fumar esos pinches cigarros baratos, te hacen daño -Dijo mientras robaba uno de mi bolsa

-Te estoy contando mi peor pesadilla ¡Y te estas cagando de la risa -Le dije haciéndome la dama herida.

Cuando llega la hora de dormir, me alegra tenerte cerca, pues con todo y que seas casi tan insoportable como una ladilla… no, más bien como una polilla como muebles, no vaya a ser que aparezca el mismo pinche sueño o una versión recargada, y no haya nadie cerca, para se cagué de la risa.


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