La noche de ayer

El teclado que había esperado un año para ser estrenado por Darren, el ordenador mamón, pasó a mejor vida, era a prueba de agua pero no de madrazos, y eso es lo que le sobra a mis máquinas y a sus accesorios. Les doy una vida de perros, una que es peor que la que le doy a mi hermana (alias mi can).

Tenía que terminar la tarea de J… pero no’mas no se pudo pues no tenía ni 20 minutos que hurte cínicamente, el teclado de la máquina de mi hermana cuando mi madre vino a reclamarlo. Según ella iba a hacer un trabajo pero la máquina de mi can está taaaaaaaaaaaaaan jodida por falta de mantenimiento que se negó a encender. Ni modo así es esto. Le fallé a J…, le falle al monstruo, a mí misma y hasta la máquina de mi can.

Hoy estoy estrenando uno nuevo, exactamente igual que el otro, a prueba de agua y espero que de malos tratos, osea ceniza de cigarro uno que otro golpe de ira, y tal vez unos cuantos mocos.

El día, tuvo sus momentos rescatables, he de admitir. Pero aún así, como que me falta algo, en los quince minutos que le restan, dudo encontrar eso que le faltó. Con su permiso me voy a tirar a mi cama a leer un libro. Pero no sin antes, dejarles la rola de hoy, Don’t call me baby de Madison Avenue. No sé a ustedes, pero a mí, siempre me pone de buenas. Con todo y que el vídeo este plagado de viejas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *