Dormingo de atardecer

Otra vez se me fue la semana, y yo ni en cuenta. Entre no poder arreglar con las dos neuronas que me quedan en funcionamiento las mil y un cosas que hay que hacer en la oficina, y si se puede al mismo tiempo mejor, en que los recuerdos de otras épocas vuelven a mi cochina mente, o qué la gente que conocía pues, y aunque suene a cliché ya no es la mesma. Me siento en otro mundo, solo esperando a que caiga el día para que acabe la tortura, acercarme a la cocina y desde una esquina de la escalera con té en la mano, ver caer el atardecer.

Oír solo el ruido del viento, los sonidos de las trincheras de abajo, las aves, todo al mismo tiempo mientras el puto sol y el día entero se van al carajo y solo resta esperar el mañana, con nuevos capítulos para el éstres, los silencios, los ruidos y para que la vida se siga yendo lentamente a la chingada… o quién sabe igual y a otro lado.

El sabor de un té, mirando el atardecer, esa es algo interesante que hacer no solo en dormingo.

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