La Hora del Plagio

“Crevel desconfìa y lo comprendo. Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palaras, apenas nos speramos unas horas y unas cuadras y ya ni mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor… cada vez irè sintindo menos y recordando más, pero qué es el recuerdos si no el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y dìas y de perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantàndose solapadas a la cosa en sì, al presente paro, entristeciéndonos o alecccionandonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacía atrás abre grandes los ojos , la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es el golpe cualquiera de nosotros.

Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir atrás, las de ella, los envueltos en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos o llenan de polvo oro una habitación o un verso. ¿Pero no no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente?

No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta del pie.

Hay ríos metafìsicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario…”

Rayuela
Julio Cortázar


Cuando no salen las palabras propias siempre hay alguien más que ya lo dijo, me cae de madres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *