Me cae que entre más conozco a los humanos

Diría que más quiero a mi gata, pero mi enorme y obesa gata siempre la he querido más que al resto de la humanidad.  No cabe la  menor duda que esto de crecer esta bien cabrón. Tuve que estar medio incapacitada para entender que aunque los sueños se vean muy bonitos, y aunque le metas toda la pila, siempre habrá un chingado detalle del tamaño de un muro de Berlín que hace que todo se vea y se sienta de la chingada.

Siempre he sido enemiga de la rutina y pasar más de ocho meses llendo y viniendo por el mismo lugar, viendo a la misma gente, y soportando cada vez menos las chingaderas ajenas, se pueden considerar rutina.

Este fin de semana regrese a casa, a lo que llamé casa durante más o menos 21 años. El shock fue bastante cabrón, ver mi cuarto que ya no es mi cuarto. El espacio dónde estaban todas las fotografías de momentos, que, según yo, le daban el toque interesante a mi vida.

Ver que estoy a nada de cumplir 22 años, que otra vez no hice las mil y un cosas que quería hacer, y las que según yo si hice me salieron pero lo que sigue de la chingada.

Tengo la mala costumbre  de aún confiar en la gente, se me olvida que lo que yo en algún momento hago por amor, otros ya solo lo ven como un objeto. Ya no les importa si lo que dice es correcto falso, simplemente debe lucir. ¿Y que he ganado? Un vacío igual de cabrón que cuando las cosas eran diferentes.

Me aleje de mis amigas, de mi abuela, y hasta de mi hermosa y malvada gata. ¿Para qué? A pesar de todo la razón de mi vida, sigue siendo la misma, aunque las formas no me parezcan ni tantito.

Lo cierto es que tendré que cambiar de estrategia.Ya no más niña linda, ya no más preocuparme por nada que no me interese.

Lo que para algunas, como yo, es sueño, para otros es negocio… Ni hablar las cosas no pueden seguir así. Ahora seguiré dónde estoy hasta que Darren, el ordenador mamon tenga un esclavo ordenador portatil y Marco V tenga un hermanito de 25 megapixeles y un par de lentes de no mames. Fuera de eso, ya no me interesa saber nada más de lo que alguna vez fue mi sueño. Digamos que es una especie de historia de amor plátonico que ya de cerca, hasta huele feo.

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