La hora del plagio

Cómo este, a diferencia de mi blog central, esta dedicado a hacer más grande mi ego, y liberar las cuatro millones veintinco mil frustraciones de mi vida, sobretodo cuando se mueren, un pedacito de … prometo dejar de chingar con lo mismo. Pero al grano. Otra de mis aficiones más grandes es sentarme con un pinche libro durante horas y horas,  dandole vida a historias que otros gueyes imaginaron. O bien imaginando cosas que habrían pasado si le hubieran hecho caso antes, no sé a… Julio Verne.

El punto es que a veces, me gusta compartir con ustedes mis queridos y bien amados,si mi blog principal tiene 3 lectores y medio este debe tener, uno y medio… esos pedacitos que más me han llamado la atención de una obra.

Y hoy, voy a comenzar con:

Sócrates- El que se propone engañar a los demás, sin tenerse él mismo por engañado ¿será capaz de reconocer exactamente las semenjanzas y diferencias de las cosas?

Pedro -Es de toda necesidad que las reconozca.

Sócrates -¿Pero es posible, cuando se ignora la verdadera naturaleza de cada cosa, reconocer lo que en las otras cosas se parece poco o mucho a aquella que se ignora?

Pedro – Eso es imposible.

Sócrates -¿No es evidente que toda opinión falsa procede sólo de ciertas semejanzas entre los objetos?

Pedro-  Seguramente

Sócrates -¿Y que no se puede poseer el arte de hacer pasar poco a poco a sus oyentes de semejanza y semejanza, de la verdadera naturaleza de las cosas a su contraria, evitando por su propia cuenta semejante error, si no se sabe a que atenerse sobre la escencia de cada cosa?

Pedro- Eso no puede ser

Sócrates – Por consiguiente, el que pretende poseer el arte de la palabra sin conocer la verdad, y que se ha ocupado tan solo en opiniones, toma por un arte lo que no es más que una sombra risible.

Pedro o el amor

Diálogos

Platón

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