Que tanto…

Soy una de esas personas que a veces esta dispuesta a lastimar.  Me vale madre que me digan que soy una mala persona, es más creo que lo soy. La vida me hizo sacar una parte de mi como máscara para evitar los madrazos. Cuando confié alguien siempre se encargaba de darme bien y bonito en la madre. Aprendí a no  dejar que quién agrede -consiente o inconscientemente- se vaya invicto. Hay lecciones que aprender y si hay que lastimar aunque a mi también me duela hay que hacerlo.

Pero a veces se me va la mano. La misma severidad con la que alguna vez me trataron a mi, se me va de las manos. Puede que en lugar de dar una nalgada le ponga una madriza a alguien emocionalmente hablando, porque a golpes gracias a qué soy una mujer grande y con cara de pocos amigos, las he evadido más de una vez, intimido, y eso es a propósito.

Han pasado cosas en los últimos meses que me han hecho sobre reaccionar tal vez. O tal vez no, cada uno tiene un límite de dolor y de pensamiento distinto. Me enseñaron a la mala a defenderme, y  a veces se me pasa la mano. La banda que me quiere y forma parte de mi vida también se ha dado cuenta de qué, cuando quiero enseñar una lección es rotunda, definitiva y deja marca.

El problema es que no todo mundo soporta ese tipo de reacciones. Y me ha costado más de una persona en mi vida. Para bien o para mal. Pero  quiero creer que han entendido lo que no sé debe hacer. No me gusta lastimar, pero si tengo que hacerlo, no lo dudo. Sobretodo cuando se trata de alguien que de verdad me importa. Puede que se me pase la mano, y puede que me odien el resto de su vida, pero solo espero que en su camino quede un recuerdo de mi, cuando se vuelvan a enfrentar en una situación como la que vivieron conmigo.

Que el Destino nos lleve al lugar dónde debamos estar.

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