Entre el presente y el pasado.

Por azares del Destino el miércoles tuve que atravesar Lindavista caminando con mi hermana. Como sabrán los que han leído este, su malsano blog de confianza desde hace casi 11 años, soy del norte de la ciudad, buena parte de mi adolescencia trascurrió ahí, y sobretodo en sus hospitales. Creo que desde que salí de la prepa (en 2007) no había vagado por sus calles sin que me importara el tiempo. La lluvia, el viento, y caminando por los lugares dónde me sentaba a escapar del mundo para ponerme a escribir…

Cuando este blog era un recién nacido, y mis papás me dosificaban las horas de banda ancha, casi todas las publicaciones de esa época me las sacaba de la manga mientras me escabullía de clases en el deportivo Miguel Alemán, o en la  heladería Santa Clara justo enfrente, qué ironías de la vida, estaba al pie de unos edificios de departamentos que se parecían muchísimo al de Pilares 503 en la Colonia del Valle, edificio en dónde viví.  Ahora que la pienso, seguramente por eso estaba chingue y jode que un día iba acabar viviendo en esos departamentos, por el recuerdo de esas tardes con pluma y papel en mano escribiendo cómo quería que fuera mi mundo cuando “fuera grande”.

En esa época antes, de que mi oscuro ser hubiera puesto por primera vez un pie en cualquier club, me sentaba durante horas por ahí, escuchando mi poderoso  mp3 de 256 mb (eso era mucho en 2005) colgado al cuello porque era como un collar, imaginando cómo sería una noche de clubbing de verdad con rolas  como esta de fondo.

Claro que en ese momento no me imaginé ni en mis más torcidos sueños que los protagonistas de mi primera noche de fiesta a los 17 años 11 meses y 3 días serían justamente Chus & Ceballos. Mientras caminaba por ahí, y le iba contando a mi hermana dónde me iba a esconder cada qué había que hacer mi horrible y asquerosa tarea de álgebra o mejor aún cuando intercambiaba esas tareas espantosas por las de literatura que esas si se me daban, me fui acordando de mi misma, corriendo de un lado a otro por ahí, con mis libros y otros sacados de la biblioteca, no ‘más por el puro gusto de sacarlos a orear.

De esas muchas veces que mis amigas me decían “De aquí no sales a una fiesta si no te maquillamos” y mi jeta de aléjense de mi engendros de Satanás, porque odiaba -y sigo odiando- con toda mi alma el maquillaje.

Ese primer encuentro con la noche, con la fiesta, con la música electrónica durante el Nescafest… todavía se me enchina la piel.

Ese encuentro con el plan de estudios de ciencias de la comunicación de la UNAM y el decír ¿Qué chingados hago aquí?

A partir de ese día me di cuenta que a pesar de lo mucho que me gustaba la Universidad más prestigiosa de México no tenía profesionalmente nada que ofrecerme, darme cuenta que mi camino iba ser diferente y para nada convencional. El explicárselo a mis papás y que me dijeran “estas loca”,   además de una serie de insultos y trabas que solo se las deseo a mi peor enemigo, hasta el día que vieron mi primer cheque salido justamente, de esa “música de locos”, como le dice mi abuela.

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Sí, pase muchas tardes por ahí, explorando sus calles, pero sobretodo a mi misma, pensando en qué iba a hacer y cómo lo iba a hacer.

¡Ah! Por supuesto, las tardes torturando al gerente y empleados de Mixup, porque no eran capaces de encontrar los discos de importación que había encargado o no encontraban los artículos promocionales que mandaban de +Mas Label junto con sus discos. Ver su cara de pinche escuincla, cada que les decía: tengo al A&R de la disquera en el celular ¿Le quieres decir quién no entregó el material?

Con solo decir eso, no sé cuantas veces mágicamente aparecían en el mostrador los boletos, gorras o cuanta pendejada venía de regalo en la compra del disco y que se querían clavar. Era maldita desde entonces, no lo podía evitar, y ahora menos.

Sí, sentir su odio por obligarlos a hacer su chamba era uno de mis pasatiempos favoritos antes de ir a clases.  Eso, y ver el atardecer desde el salón más alto de mi escuela…

Sin querer, mientras caminaba por ahí, hablando con mi hermana de cómo la crisis de identidad profesional que tiene a sus 20 a mi me pegó a los 15 cuando vi en una clase de orientación educativa lo increíblemente inútil que me iba a ser lo que en ese momento quería estudiar y desistí de hacerlo. todos esos recuerdos asolaban mi enferma y nostálgica cabecita, que , sin saber por qué, sonaban al inconfundible sello del Iberican Sound de Chus & Ceballos, llegando a mi casa, después de una larga caminata, me encuentro que el editor de Thump me dice que si me rifaba una entrevista justo con Chus & Ceballos.

La verdad, se me escurrieron las de cocodrilo, porqué desde 2005, por x o y no lo había podido volver a ver juntos. La entrevista la hice hoy, tratando de contener mis nervios, los recuerdos, y sintiéndome profundamente orgullosa de cómo su carrera y la mía siempre de alguna forma a avanzado a la par.  De aquel primer post de una niña toda emocionada por su primera fiesta, a lo que soy ahora, solo hay un escote de diferencia y una mejor redacción.

Solo he escuchado la grabación, todavía no me atrevo a transcribirla, y adaptarla para entregarla a Thump. ¿Por qué? Porque me fascina escuchar cómo la vida ha ido avanzando lo suficiente como para que me haya podido sentar frente a ellos no como fan, si no como la que los iba a entrevistar.  Me fascina escuchar como ellos también han ido avanzando y colaborando con esos que fueron sus mentores, y cómo han apoyado a la nueva generación de productores españoles.

La vida es una pequeño cumulo de maravillas y de regalos, cuando te tomas el tiempo de caminar bajo la lluvia en  Lindavista…

Update: Por si les dio curiosidad, esta es la entrevista ya publicada, la pueden leer si le dan click aquí mero. 

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