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¿Y se vale?

Aunque nunca he sido directamente la que se sube a un stage a tocar, muchas veces me ha tocado vivir igual que un dj, no por lo que pagan (ojalá) si no la parte de estar corriendo de ciudad en ciudad.  O bien teniendo días, semanas y meses tan apretados que ni siquiera me ha dado tiempo de acariciar a mi peludo y malcriado gato.

Hay mucha gente que cree que trabajar en la noche es la cosa más sencilla del mundo, porque te pagan por hacer lo que más te gusta, pero la neta, al contrario, me atrevo a decir que es una de las más complicadas ¿Por qué?

De entrada porque dejas a toda la banda que te importa un poco de lado, de repente 24/7 estás pendiente de lo que pasa en la música electrónica, pero no siempre de lo que ocurre con tus amigos de toda la vida. Podrás saber todo sobre los lanzamientos mainstream y underground de esta música de locos, pero ya no de tu familia. A mi me tocó desplazarme de dónde había vivido toda la vida para tener más tiempo para dormir por ejemplo. En lugar de hacer 2 horas a mi primer trabajo, me pareció mejor tener más tiempo para babear la almohada o descansar haciendo adobes en su momento para mis proyectos personales, que desperdiciarlos en tiempos muertos de transporte.

Pero eso me alejó mucho de mis amigas, no solo en distancia. También en cercanía, si mucho trinche facebook, twitter, mail y teléfono, pero en mi ansiedad por hacer eso que me fascinaba, ya no estaba con ellos, de alguna forma dejé de estar en su vida.  Aún me duele haberlo hecho porque me perdí de el examen profesional de una, de la graduación de otras. Ahora de los babyshowers de los que ya se reproducen y no los regañan sus papás.  Me sirvió mucho profesionalmente hablando.

Antes de tener smartphone, sufría horrores cuando iba a casa de mi abuela o a la de mi papá, porque pasaba dos horas sin enterarme de lo que pasaba en mi mundo. Estaba ansiosa las dos horas de camino ¿Qué tal que llega un mail importante? En sábado o domingo porque doña enferma en esa época todo. Si llegaba me ponía más ansiosa porque llevaba dos horas de retraso.

Cuando me mude, justo dos días antes mi mascota que me había acompañado durante los 16 años más complicados de mi vida, tenía una extraña lesión en el cuello. Me mude un domingo así que fue una odisea encontrar un médico que la revisara y le diera un tratamiento. Recuerdo haber cerrado la puerta de la que fue hasta ese momento mi casa, y ver los malvados ojos verdes de mi gata, llenos de ira. Preguntándose ¿Neta me vas a dejar así?

Pasaron los meses y mi gata no mejoraba, Tampoco podía verla a cuidarla como quisiera, doña maniática estaba chambeando y nada más en el mundo le importaba. Los últimos dos años de su peluda, manipuladora, y  mimada vida, los pasó casi sin poder moverse, resulta que la lesión en el cuello fue la primera manifestación de un cáncer y también de la artritis que era normal en una gata de 16 años.

Un 27 de Mayo de 2010 -el año más asqueroso de mi vida- llegué a casa de mi abuela preguntando por el primer gran amor de mi vida y me entregaron una caja con cenizas. El corazón se me hizo pedazos. No me avisaron, yo sabía que estaba mal, pero creí que iba a tener tiempo de decirle nos vemos del otro lado vida mía. Una caja que por cierto, si la viera mi gata la habría destrozado de lo fea que estaba. Por estar chambeando y peleando por lo que quería para mi vida, ese fue el primero de los golpes personales que me ha dado el trabajar en dónde los demás se divierten.

Pero nada me preparó para el más cabrón de todos. El 4 de Diciembre de 2010, sentí que todos los dioses de todos los panteones del mundo se me fueron encima y me arrancaron la médula espinal. Mi mejor amigo, con el que acababa de reconciliarme murió en un accidente en la carretera Cardenas Villahermosa. Otros de mis compinches iban con él y salieron con vida unos heridos físicamente, y otros con heridas en el alma que se de buena fuente no han terminado de cicatrizar.

¿Y yo que estaba haciendo? Escribiendo algo para la chamba que tenía en ese entonces. A partir de esa terrible, experiencia. Me quedó muy claro que si, ok es maravilloso trabajar en lo que más te gusta. Pero va a ver momentos en la vida que darías lo que fuera por estar ahí, y no vas a estar. Te va a destrozar y puede que tardes muchos años en recuperarte. Pero ver la sonrisa de 20 o 25 000 desconocidos viendo a su Dj favorito, ¿Vale la pena sacrificar parte de tu vida personal?

La respuesta para mi es la misma que en 2004 cuando decidí comenzar a escribir esta aventura: Si.  Desde la primera vez que me dejaron treparme a un escenario justo al lado de un dj internacional… pfff sentir la energía de 7 000 personas emocionadas por ver a ese guey que les movía el alma desde hacía unas horas o desde siempre. Ver materializados tus desvelos en 7000 sonrisas (más bien miradas de odio porque tú estas al lado del dj y ellos no), 7000 historias de vida a las que te metes sin permiso. ¡Ay cabrón!

Claro que vale la pena. Aunque he aprendido a vivir un poco en el inter. Ya no soy la misma enferma -bueno eso creo- que se mataba por tener todo listo todo el tiempo. Ahora de vez en cuando me pongo a chismear con mis amigas, no como cuando teníamos 18 y lo único que nos importaba eran los djs, pero si a gusto.

Hoy tengo una relación de pareja, que me esta costando empatar con mi manía de estar disponible 24/7. También tengo un bebé que se llama Be Tronic. Y una historia personal compuesta de muchas presencias y ausencias. A lo largo de estos ya casi 10 años compartiendo lo que hay en mi negra y oscura alma, además de lo mucho o poco que sepa de música electrónica. Me he dado cuenta que igual que alguien lo hizo conmigo estoy comenzando a ser parte de las historias de vida de algunas personas.

Precisamente por hacer lo que más me gusta en la vida. Hablar de música electrónica ¡Wow! A veces ni yo me la creo. Me gusta voltear hacía atrás, hasta ese momento en que decidí que sin importar como o cuándo iba a hacer de las mías.  A uno de esos muchos días en la secundaria en los que mis compañeros me veían feo por ser mujer oyendo “música de drogadictos”.

Cómo el día que terminamos la secundaria y me valió madres agarrar el “sonido” que contrataron para despedirnos. Y poner esta rolota en bocinotas como es debido. Ojalá, alguno de mis ex copañeros de secundaria se acuerde. Por qué para mi ese día comenzó mi historia por dedicarme a la música electrónica.

De verdad, si ahora eres tú el que tiene 13, 14, o 16 años, y estás pensando en dedicarte a ser dj, promotor, o a los medios especializados en música electrónica o algún personaje de la noche, piensa que vas a sacrificar muchas cosas, entre ellas estar con la banda que más quieres cuando te necesite. Piensa que vas perder cosas que la gente normal vive con singular alegría. ¿Vale la pena? Escucha lo que diga tu alma y tu corazón, y si la respuesta es Si, bienvenido seas.