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Random Inna

Después de 7 años, tengo que admitir que Inna forma parte de mi historia, para bien o para mal. Hot no fue mi hit pero sentí que iba a funcionar, al principio alguien no me hizo caso, pero finalmente compró la licencia, y de ahí pal real, la rumana con un poco de ayuda se convirtió en un monstruo dance que sin pedos puede competir con lo que hizo Fey durante los 90’s. No es santo de mi devoción, me repatea en el hígado su personalidad y lo falsa que es con sus fans.

Ni se me esponjen innalibers, se los he dicho en su jeta. Pero hay algo que tengo que reconocer, sin el minitoy rumano no sabría lo que se siente a punta de chingadazos llenar 2 veces el Auditorio Nacional.


Cariño no le tengo, pero creo que si algo de respeto. Mantenerse vigente en un mercado sumamente volátil, merece respeto.
Esta vez, no tengo nada que ver con la información de su tour, ni nada que se le parezca, y se siente raro la neta. Y no’mas por eso…

El cafecito

Bien sabrán ustedes, que soy una cafeinomana confesa. No puede pasar un día desde 1999 que de menos no me eche una taza. Esta semana, además de estar inmersa en mis labores de futura dominación mundial, me tocó ir, junto con mi nana (osea la Sandrita) ir a hacer cita con el SAT. Como diría mi jefe, “para pertenecer a las filas del abuso oficial gubernamental”, o lo que es lo mismo, para que comiencen a quitarme impuestos.

Angie, nos dijo que se podía tramitar el RFC (Registro Federal de Causantes) sin cita, pero como es una beba, la cago, y me lleve mi acta de pre-defunción, mis calificaciones de kinder, y otras cosas en balde.

La siguiente escala fue pasar a tragar al barrio chino, y de ahí a un café. Hace cuando menos tres meses que no iba a chismear por el mero gusto de hacerlo con la Sandrita, ya hacía falta. Uno de esos cafés viejitos del centro, sirvió de escenario para hablar de pura pendejada, recordar grandes momentos de estupidez, otros más de glamour, en fin, parecíamos un par de ancianas hablando de sus memorias.

Ya me hacía falta algo así, la neta.

De ese café, cuya ubicación solo conoce aquella, me volví asquerosamente fan, de entrada las mesas tienen un vidrio que cubre cuatro variedades de café, las maquinas, un chingo de variedades del grano precioso del cual soy adicta. Ahhh na’mas me acuerdo y se me antoja.

Tarde de viejas por el centro, si, definitivamente así debería llamarse este post, pero ya le pusé El cafecito, y me da hueva cambiarselo.

Me encanta la expresión de la señora, neta.

Tarde de viejas la de antier, una de esas que ya hacía falta.

Aunque tuvo sus pequeños inconvenientes como este nefasto panorama.

No es que me espante, pero, este, como que no me gusta mucho la idea, ya no es como que muy original que digamos.