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La historia de una foto

2015-11-29 22.32.28En esta foto teníamos 19 años, como siempre, nos acabamos colando cerca del dj, Previa autorización del manager y un par de mentadas de madre de la seguridad del Root’s.

Nos habremos pasado por lo menos un mes planeando las playeras, los carteles en holandés y en alemán -también tocó ATB esa noche- casi no llegamos a la fiesta, y alguien nos hizo una mala pasada con los boletos. Pero se la peló, de todas maneras entramos, y al final hasta en el backstage acabamos.

No eran los mejores momentos de mi vida personalmente. Estaba en el arduo proceso de aceptar que la enfermedad me habría hecho diferente para siempre. Que mi hermano era autista profundo, y no entendía porque mi papá estaba tan enojado con la vida y consigo mismo por qué creía que había hecho algo mal por tener un hijo discapacitado.

La escuela era a veces un refugio y otras un recordatorio de qué ese no era mi camino.

Estaba descubriendo quienes eran mis amigos de verdad y los que solo serían pasajeros.

Había días en los que de plano no me levantaba de tristeza, y lo único que me hacía aferrarme a todo era saber que había locos igual que yo, que a pesar de no haber tenido oportunidades o familias que los apoyaran se habían convertido en lo que siempre quisieron ser y vivían de lo que más amaban en la vida.

Esa noche André Tanneberger tocó Long way home, y se me salieron las lágrimas, a mi alrededor había una comunidad anónima que se emocionaba igual que yo con cada beat, que también enloquecía con las letras. Ahí no era diferente, era una más.

Cuando llegó Ferry Corsten a los players sentí las lágrimas de otra chava detrás de mi, se había quedado sin batería en su cámara. No sé porque, siendo yo, realmente celosa de mis cosas -como buena ex hija única- saqué dos pilas recargables y se las dí.

Creo que le dije: “Me llamo Minerva Ocampo, tengo un blog buscame en google y después me regresas las pilas”. Todavía ignoro porqué confié en qué nos volveríamos a encontrar.

Ferry, comenzó con Punk creó y de ahí fue bajando el beat hasta poder poner Possession, Fire y Beautiful me hicieron llorar de nuevo en silencio.

En cada fiesta aún solo como fan sentía que era ahí a donde realmente pertenecía, al mundo de la noche, al de la música electrónica. Cada foto, cada noche en el club era una probadita del mundo que si quería. Y desde mi blog personal hacía lo que podía para compartir lo mucho o poco que iba aprendiendo de este mundo de djs, beats, lasers y harta desvelada.

A veces como chingan que soy muy intensa y determinante con mis posturas ante este mundo que ocurre a grandes decibeles. Pero la verdad es que para mi, la gente que trabaja de noche no es desconocida.  Los top djs, algunos managers, locutores, gente de montaje, seguridad, y hasta algunos más se volvieron cercanos; se convirtieron en mi familia.

Las rolas se convirtieron también mi historia, en algo más que un dato escrito por quién sabe quién en wikipedia.

La música electrónica me ha llevado a la gente más importante en mi vida, a los sueños que no me dio tiempo de soñar cuando ya eran fehaciente realidad.

No me gusta que la gente que no la conoce la manosee y la trate con desdén, es una mercancía lo sé, pero una tan valiosa que con gusto  aún estoy dispuesta a dejar mi vida en ella. .

La gente que llega por moda no me interesa, igual que en ese 18 de agosto de 2004  en un rinconcito entre Insurgentes Norte y Ricarte,  cuando comencé esta loca aventura de escribir lo que sentía, pensaba, y conocía acerca de los djs que a mi me volvían loca, es encontrar a otros que de verdad amen y construyan su estilo de vida en torno al amor de mi vida: la música electrónica.

Por cierto, la chica a la que le di las pilas esa noche, si me buscó y me regresó las pilas, se llama Mely y es una muy querida amiga. Esa noche venía de Guerrero, si no le hubiera dado esas pilas probablemente se habría quedado sin recuerdos de una gran noche.