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En 10 años ¿Estarás orgulloso de ser fan de lo que hoy eres?

Entre los 11 y los 16 años, o a veces antes,  junto con la pubertad llega un momento en que defines quién eres realmente. Y en el inter ocurren varias cosas, entre ellas buscas un grupo con el que te identifiques, y normalmente ese grupo viene -o venía- acompañado de música.

Normalmente es en esa época cuando, estás más lleno de pasión por toooooooooooooooooooodo eso. Te desbordas y sientes que tu vida se va a acabar si no vez a tu artista o a tu ídolo. Aunque se la vivan en México, mueres y matarías con gusto por estar ahí si no te dejan.

Voy a sonar anacrónica, pero en algún punto eso pasará a segundo plano. Pero ser fan de algo o de alguien justo en esa importante etapa de transición te trasforma, para bien o para mal y puede que para siempre.

¿Por qué lo digo? Por experiencia propia.  Cuando yo era un dulce, tierna e inocente criaturita, ok dejemoslo en dulce y tierna, por ahí de 1999, mi mejor amiga que se había ido a vivir a Saltillo, me comenzó a enviciar con una banda encabezada por Darren Hayes. Los primeros 3 meses le daba el avión, pero era tanta su insistencia que fui poco a poco descubriendo quién era, de dónde salió, a qué sonaba. Y sin querer encontré algo que me retrataba perfecto en esa época.

Si, masivo, pero que te hablaba al oído, y a pesar de ser un producto diseñado para ser masivo, sentías por dos segundos que no estabas solo, que si había otros que sentían la misma confusión que puede sentir cualquiera que está entrando en la adolescencia.

Justo en esa época, a diferencia de cualquier otro puberto normal, ocurrió algo que me hizo cambiar totalmente mi vida, de golpe, sin aviso y con la fuerza de un bala. Por algún bicho que a cualquiera le habría causado diarrea, a mi en 2 semanas me quito casi por completo la vista.  A pesar de la gravedad del asunto, mis papás decidieron que era buena idea esperar esas 2 semanas para llevarme al hospital.

Para cuando llegué, ya había perdido casi el 80% de la capacidad visual, no soportaba la luz de un celular, ni siquiera con vendas en los ojos.  La recuperación fue un tratamiento  con cortizona y otros esteroides, salvaje y duro. Pero no había opción, era eso o perder completamente la vista.

En mi cama de hospital, mientras dormía soñaba con volver a ver un amanecer con todo su esplendor. Con ver de nuevo la luna, viajar, y tomar fotos de todo lo que me pareciera hermoso, así fuera una abeja sobre una flor. Para ese entonces ya me había dado cuenta que la versión de un Dios judeocristiano no funcionaba para mi. Pero le pedía al Destino que fuera lo que fuera que tuviera escrito para mi, que no me dejará sin la capacidad de ver de ver de nuevo.

Después de 6 meses de agujas, cánulas, cateteres pruebas dolorosas de laboratorio, y otras más sofisticadas, lentamente volví el amanecer, pude volver a leer un libro, y volver a escribir aunque fuera para mi misma en cuaderno viejo.

El tratamiento dejó secuelas con las que he aprendido a sobrevivir,  pero en la época en la que la mayor preocupación es que te vas a poner, yo me veía al espejo medio desfigurada. Perdí casi todo el cabello, y después de 12 años aún no lo he recuperado del todo. También subí muchísimo de peso, los huesos y las articulaciones si de por si estaban medio jodidas por una fiebre reumática que había tenido 3 años antes, quedaron resentidas.  No solo eso, también me informaron que debido a la agresividad del tratamiento, buena parte del desarrollo de mi esqueleto se había detenido. Incluyendo el tamaño del torax que desde entonces es bastante pequeño para el tamaño de los órganos y el resto de mis proporciones. Que tal vez iba a tener osteoporosis prematura. En fin, cosas que deprimirían hasta el más optimista.

La verdad, después de eso fueron, dolorosos años de recuperación anímica y física. Pruebas cada semana. De hecho, mi cumpleaños 15, dos años después del tratamiento, lo celebré esperando una consulta con el neurólogo. Evidentemente por toda la serie de pruebas que me hacían pasar para entender que demonios le pasaba a mi cuerpo, La pasaba esperando sola o con un libro, pero gracias a mi mejor amiga, aún estando en Saltillo me presentó un nuevo motivo para aguantar estoica: ver a Savage Garden en vivo.

Sin querer, me enseñó que había más gente en el mundo que vivía o sobrevivía que no era la única con problemas, y que muchos de ellos quizá, se pudieran arreglar a través en compañía de un extraño que hacía música al otro lado del mundo. Ese extraño llegó a México al teatro chino de Six Flags. Creo que fue uno de los primeros conciertos en hacerse en ese foro. Para mi mala suerte no pude ir. Ni los matasanos ni mis papás me dejaron salir de la casa. Según ellos, estaba todavía muy débil como para “exponerme” Mehhhhhh.

Mi amiga regreso y Darren Hayes regresó a México con un proyecto solista, hizó un showcase en lo que alguna vez fue el Hard Rock Café en Polanco para una estación de radio. Me escapé de la escuela para ganarmelos, y para recogerlos.  El 3 de junio de 2002, definitivamente la vida, el Destino, y todos los Dioses del Olimpo, me adelantaron el mejor regalo de cumpleaños que pude tener: Ver a unos metros de distancia a ese guey por el que daba mi brazo y mi jodido riñón izquierdo.  Esa tarde-noche, entendí que la música es capaz de darle sentido a tu vida, de ser tu compañero en las buenas, en las muy malas y en las que te está llevando la chingada.

A partir de esa noche me prometí a mi misma, que un día esa sensación de estar viva, se la iba a mostrar a otros a través de los medios. Meses después de esa noche conocí a mi Dj de la guarda  Benjamin Hernández , “B-jay”, el responsable de mi educación en la música electrónica y también el que me ayudó directamente a cumplir mi sueño.  Para 2004, eso poco o mucho que estaba aprendiendo, quise compartirlo desde mi muy personal punto de vista y experiencia con quién se dejara a través de este blog.

Y todo comenzó con una rola, y con un remix, que a la larga me llevaría a vivir, ver, y disfrutar las mejores noches de mi vida. Después de perder la vista hace ya hoy 12 años, a pesar de las secuelas, creo que fue uno de los mejores regalos, por que quizá si no hubieran pasado las cosas como ocurrieron, hoy no podría decirles que más de 10 años después estoy bien orgullosa de ser y haber sido fan de eso que hoy aún me lleva a disfrutar todos los días del mejor trabajo del mundo: el hacer lo que más amo y que otros lo disfruten.

Una típica mañana de 2003

De vez en cuando… esta bien, esta bien, de vez en diario, se me olvida que soy humana. Cosas como dormir o comer como “gente decente” nunca me han importado. Por ese descuido hacía lo que suelo utilizar para hacer de las mías, he estado varios días en algún lugar entre el limbo, la fiebre y sobretodo en silencio.

De verdad me sorprende lo que un par de días de fiebre pueden ser capaces de hacer con tu cerebro o tus ideas.   En esos momentos de enfermedad y alucinaciones acompañadas de mocos por todas partes, es en los que me da por acordarme de cosas que en su momento parecían sin importancia.

A veces, extraño esa sensación de levantarme por las mañanas  y aventarle algo al despertador, preparar el café, ponerme el espantoso uniforme de secundaria -ya había caído profundamente en el vicio de la cafeína desde los trece-, acordarme que una vez más no hice mi tarea, y prender mi radio.

Entre 2001 y 2002, antes  del amanecer de lunes a viernes, ese era el ritual obligatorio para comenzar el día y poner menos cara de fuchi hasta que pudiera regresar corriendo a casa y volverme a encontrar con mi entonces amado radio.

Tenía sus bealdades eso de que alguien te contara quién era quién, mientras leías un libro nada más por puro gusto. O las pocas veces en las que de verdad hacía la tarea. Y si, efectivamente en esa etapa de  adolescente recién llegada encontré a mi gran amor, que, 13 años después sigo amando con locura y con pasión: la música electrónica.

Hay cosas de esa época cuando iba a la escuela desde las 7:00 de las pinches mañanas hasta las 3:00 o 4:00 PM que me corrían (literal), que se me quedaron muy arraigadas, además de que son parte indispensable de un trabajo como este en el que la enorme mayoría somos autodidactas. Eso, aprender por tu propia cuenta.  Ir descubriendo sonidos y productores nuevos. Leer por el gusto de hacerlo, o por mantenerte permanentemente actualizado de todo el chisme, digo, este; información acerca de la industria y algunas otras cosas que nunca están de más.

Es increíble lo que puede hacerte recordar una gripe, de esas que te hace alucinar entre el pasado y el presente, de esas que te sacan una sonrisa instantánea. Todos tenemos rituales para comenzar el día, o hasta para procrastinar, rituales que en esencia son muy parecidos a los que teníamos desde los 13 años o antes.  Los de esta generación, es decir, los que nacieron después de 1990, deben ser ligeralmente diferentes, supongo. Aunque la verdad lo ignoro, a veces me gustaría poder entender más a los yolo. De entrada para sentirme menos vieja. Ahora si me está comenzando a pesar tener más de 25 años en el papel  y no solo aparentarlos.

Si, definitivamente extraño ponerme el uniforme de la escuela, y aunque sigo usando una mochila, en ella ya no hay libros de texto o cuadernos forrados con fotos de los djs que más admiraba. Hay responsabilidades, cuentas, y como 200 locuras que eventualmente ejecuto.

Extraño mandar a la $())=$#$?))  por dos segundos a la infame clase de 7:00 AM y voltear a ver el amanecer pensando que un día iba ser grande y que iba a poder salirme con la mía. Extraño la hora del receso y poder evadirme totalmente de la bola de tarados pubertos, más tarados que yo, con los audífonos y una rolita como esta.

Me urgía tener más de 13 años,  y ahora, por momentos me gustaría volver a tener esa edad. Los años y las desveladas cobran factura. Pero vale la pena, creo que la niña que era en 2003 estaría igual de fascinada que yo ahora mismo con las maldades que hago.

2012

Dicen que los años y las experiencias forman el carácter. La verdad es que el 2012 me enseño un par de cosas, la más importante; lo que fue no es lo que será.

No se vale vivir del recuerdo, de entrada porque no es sano y no te deja progresar.  El cariño, las buenas anécdotas, no se pueden ni deben mezclarse con el ahora, justamente porque el conjunto de cosas que hicieron el pasado una maravilla no es el mismo que el presente. El asunto se vuelve  verdaderamente desgastante, lo que inevitablemente me lleva al siguiente punto:

Cuando las prioridades son diferentes, simplemente las cosas no funcionan.

Llega un momento en el que definitivamente, cuando la diferencia entre prioridades es abismal, en el que ya no se puede hacer nada y lo mejor es emprender caminos diferentes, por salud mental y emocional.

Si, 2012 fue para mi, el año en que tenía que dejar atrás apegos un tanto cuanto absurdos que ya no me estaban llevando a ningún lado.   Para comenzar este 2013 decidí hasta cambiar hasta de casa.  Tengo varios proyectos nuevos, de los que les hablaré en su momento. La verdad estoy encantada con la forma que poco a poco va tomando mi vida. Me falta mucho por corregir, mucho por aprender y mucho por emprender, pero paso a paso.

En 2013 este blog cumple ya 9 años. 9 años de hablar de música electrónica enlazadas con mi vida personal y profesional. Hoy más que nunca me queda claro que una rola puede trasformar la vida de alguien en cualquier momento. Por desgracia, ya no somos muchos los que nos damos cuenta de eso.

Este año recién salido del horno, no sé por que, pero creo que marcará pauta en muchos sentidos. Y ¿saben qué? Ya era hora.

2012

Mucho se ha dicho de este año, y no solo durante este siglo. Qué si el mundo se va a acabar. Qué si el calentamiento global, qué si las elecciones en México, que si el 12 de Diciembre de 2012 los marcianos nos van a venir a matar… En fin, pura cosa bonita, y buenos deseos.

En mi, muy personal punto de vista, pase lo que pase; este es un buen punto de partida para comenzar a vivir lo que realmente queremos. Nada de dejarse influenciar por lo que dicen los demás piensan que es lo correcto.

Ya se que me he desaparecido del mundo de la red, pero es por una buena causa, hay proyectos en los que participo que ya no me dejan tener tiempo libre para venirlos a chorear acerca de la música electrónica en general. Buena o mala ustedes decidirán, cada ser en este mundo elige lo que es bueno o malo. A lo que pertenece y a lo que no.

En este tiempo, que, por problemas técnicos he desaparecido un poco, con tristeza me doy cuenta que la generación que viene ya pisándome los talones, solo piensa en la fiesta, y no se detiene a pensar en lo que hay detrás de cada presentación de un dj internacional, de un disco, una revista, o una publicación babosa en facebook.

Tal vez piensen que me estoy volviendo más fresa de lo que era, o que me fumé uno de esos cigarros verdes, pero no, la verdad es que me puse a recapitular sobre todo lo que me ha enseñado la vida a mis  24 años, y las personas que me puso enfrente el Destino para mostrarme mi camino. Sin olvidar por supuesto, la música que me ha acompañado desde que tengo uso de memoria. Digo de memoria, porque de razón eso si que no.

El síndrome del año nuevo, me hizo recordar todos esos pequeños detalles que me han convertido en la persona que escribe en este blog desde hace más de 7 años. Me he divertido muchísimo  y amenazo con seguir haciéndolo.

2012 a nivel música electrónica, se va a poner sabroso.  Ya hablaré de ello, algunos posts más adelante.  Decidí hacer esta especie de alto en el camino,  antes de proceder a recomendarles fiestas, discos, etc, para dejar en claro algo.

Este blog, a pesar de muchas cosas, sigue siendo la versión personal de alguien que ama con locura y con pasión la música electrónica.  Mi opinión a veces pude ser veraz y objetiva, y otra veces, obedece a lo que dice mi retorcido corazón de grinch siente. Así ha sido desde hace 7 años, y lo seguirá siendo.

2011 fue un año de recuperación de mil cosas, pero sobretodo una, que me hizo entender para que me tienen todavía en este mundo, escribiendo tarugadas como esta.

2012, se lo quiero dedicar a tres personas:

Primero, a quién entendió que tenía que volver a casa y que me aguantó durante casi dos años en su oficina.

Segundo, a quién, a pesar de su dolor ha sacado fuerzas para seguir adelante y aunque no lo crea, también es gracias a ella y a la sonrisa de  su bebé, que recuerdo, por qué es importante hacer lo que, alguien, durante mucho tiempo me enseño a hacer.

Y tercer lugar, a Darth Vader catalán, que a pesar de todo, y aunque ocasionalmente le haga berrinche, y me abrió nuevamente la puerta de mi disfucncional, pero feliz hogar.