La hora del plagio

Mientras mentaba madres por la chingada conexión de mi casa, que es una mierdota, no Darren, tu no te me emociones, tu eres una maravilla, perdón, si no lo digo, se me pone pendejo el cabrón.
Pues total, en pleno berrinche, le pegué al librero que tengo al lado de Darren 2.4, y cayó en esto que pasa a complementar los posts anteriores.

En el mismo tipo de carácter hasta ahora descrito pueden hallarse, con mucha regularidad, además de las ya indicadas tendencias masoquistas, otras completamente opuestas, de carácter sádico, que varían en el grado0 de su fuerza y son más o menos conscientes, pero que nunca faltan del todo. Podemos observar tres especies de tales tendencias, elanzadas entre sí en su mayor o menor medida. La primera se dirige al sometimiento de los otros, al ejercicio de una forma tan limitada y absoluta del poder que reduzca a los sometidos al papel de meros instrumentos, “maleable arcilla en las manos del alfarero”. Otra está constituida por el impulso tendiente no sólo a mandar de manera tan autoritaria sobre los demás, sino también a explotarlos, a robarles, a sacarles las entrañas, y, por decirlo así, a incorporar en la propia persona todo lo que hubiese de asimilable en ellos. Este deseo puede referirse tanto a las cosas materiales como las inmateriales, tales como las cualidades intelectuales o emocionales de una persona. El tercer tipo de tendencia sádica lo constituye el deseo de hacer sufrir a los demás o verlos sufrir. Tal sufrimiento puede ser físico, pero más frecuentemente se trata del dolor psíquico. Su objeto es el de castigar de una manera activa, de humillar, de colocar a los otros en situaciones incómodas o depresivas, de hacerles pasar vergüenza. Por razones obvias, las tendencias sádicas son en general menos conscientes y más racionalizadas que os impulsos masoquistas, que son tan peligrosos como aquéllas desde el punto de vista social. Con frecuencia ellas se ocultan detrás de las formaciones de carácter reactivo que se expresan bajo la forma de exagerada bondad o exagerada preocupación para con los demás.

Erich Fromm
El miedo a la libertad.

Alguien me conoce muy bien, la pregunta es quién. ¿Acaso será el muerto de confianza que suele andar de metiche en mi alcoba? ¿Será Darren 2.4 el ordenador maniaco, y posesivo? ¿O será un alter ego del pasado? ¿O mejor aún, mi verdadera jefa, que no es la cosa que me parió? No tengo ni la más puta idea.

De lo que si estoy segura, es qué, alguien, me conoce muy bien.

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