Antoine Clamaran & Matthew Dekay II

Cuando tres cuartas partes del cuarteto de la muerte se separaron finalmente para ir a acicalarse, cual felinos, pero de angora. Angie y su servilleta se quedaron un rato en el chisme mientras Sandra iba a cumplir con sus labores de tía. O sea irle a tomar fotos a su sobrinita. Finalmente las últimas dos, nos decidimos a terminar de arreglarnos en mi casa o lo que es lo mismo, mi cueva, un espacio inmundo, lleno de cables, basura, ropa y libros por el suelo, además de un tono marrón por tanto humo de cigarro que es mi cuarto.

Mientras ambas nos arreglábamos hacíamos recuento de quienes nos hacen falta, de esos a quienes extrañamos un chingo y prometieron, hace no mucho, acompañar a la mayoría del cuarteto de la muerte, en la celebración, no oficial, de los veinte veranos de su bloggera de confianza. Y para acabarla, Darren 2.4, mi monstruo bebe, o mi ordenador, como guste llamarlo, andaba de lo más cursi, poniendo cosas como What you waiting for de Gwen Stefani, Something Stupid de Robbie Williams o Love me do de The Beatles.

Ni hablar, así es esto del rock & roll por más que duela.

Mi padre, nos llamo a las 8:30 pm para medio mentarnos la madre porque según él, ya íbamos tarde para encontrarlo y para depositarnos en el Root’s. En el camino al punto de reunión, con el miserable gusano que tengo por padre, yo iba entre bajoneada por esa ausencia, por los recuerdos, en fin, hecha una nenita de cinco años que perdió su globo en parque. Una ausencia que tengo la impresión de haber provocado de alguna manera, y nadie me va a quitar esa culpa, ni veinte años más de terapia psicología o psiquiátrica, nada me consuela hasta el momento, ni siquiera Antoine Clamaran o Matthew Dekay, con todo y que… ¡que el infierno!, me estoy adelantando demasiado a los hechos.

Al llegar a donde teníamos que encontrar a mi progenitor, a las tres, nos dolía inmensamente la panza de tanta cosa que tragamos, como nunca antes, justo en el preludio de una fiesta, nos moríamos de cansancio. No se nos ocurrió recurrir al Sal de uvas, de lo imbéciles que estábamos por el atracón de la tarde.

Arribamos al Root’s a eso de las 10:45, con una especie de delay muy cabrón, notando cosas que normalmente no veíamos. Nos extrañó no ver mucha gente, entiéndase por mucho, onda fila que le da vuelta al club y llega hasta la gasolinera.

Finalmente logramos entrar, dando una especie de tumbo virtual. Tan idiotas andábamos que no nos dimos cuenta cuando B-jay, nos pasó a un lado hasta que ya era muy tarde. Bueno, bueno, error que repararíamos un rato más tarde.

Ya en el lobby, después de hacer el reglamentario show, hacer berrinche unas a las otras…

Dj Kermit estaba en las tornamesas ya. Un set, bastante bueno, cuyas rolas no recuerdo pues insisto, su servilleta aún estaba en el lapsus depresivo, interrumpiendo toda concentración a lo que no fuera, el cansancio y la melancolía. Ok, para que ubiquen a Kermit, algún ñoño que ande por ahí debe acordarse de un remix de esa famosísima conversación del Gober Precioso con Sukar Kuri, bueno, pues esa es de Kermit, hay otras dos, de un disco llamado chill out made in mexico (que es uno de mis favoritos) Sabor a mí y Otoño en Loops.

Ubicado ya el Dj, puedo continuar el post.

Ya con, más o menos mi cerebro en su lugar. Apareció dj B-jay en las tornas, poniendo cosas de Nadia Ali, yo me sabía ese sencillo de memoria hace apenas una semana y ahora, no me acuerdo del nombre, algo de Underworld, y no me acuerdo cual… subiéndole gradualmente de beat para darle paso al primer monstruo de la noche Matthew Dekay. Ese tipo, del que realmente no ubicaba nada más allá de Bad, que la pueden encontrar en el In search of sunrise 4 de Tiësto, si mal no recuerdo es el que hizo para Los Ángeles. Y si quieren ponerse más rudos Trousy, disco del mismo Matthew.

La neta, no recuerdo casi nada de su set en parte, por la pinche indigestión, en parte por el mood de “maldita sea con el mundo” y parte porque las otras dos cuartas partes del cuarteto de la muerte, ya me tenían sumamente nerviosa con “pobre de ti si no le hablas a Antoine”. Eso, no tenían ni que decírmelo, nada más recordármelo y meterme un par de madrazos en el momento indicado para que se me quitara mi ridícula paranoia frente a los francófonos, que, finalmente, lo que estoy quesque aprendiendo (osease el francés y el idioma también) es precisamente para hablar con ellos. Cha-le.

Me pongo nerviosa, si, soy terriblemente nerviosa, ya en mi estado natural, súmenle, luces, bocinotas y djs y me van a ver asquerosamente mal, mucho más enferma de lo que estoy en un día común.

Volviendo a Matthew, que tipo tan chido. Mientras Sandy y Angie se largaron a buscar no sé qué, me dejaron sola, con uno de los ya clásicos cárteles en holandés (pues el señor Dekay es holandés) que decía “Bienvenido amigo holandés”… bueno, pues en ese lapsus, sabiendo que me sentía bastante mal, Matthew, se me quedó viendo por el enorme trozo de papel que tenía en mis ponzoñosas garras, no me quedó más remedio que sonreír y levantar el cártel orgullosamente. Me mando un beso. Sandra y Angelica, perdidas del otro lado del club y yo, mentando madres porque no estaban cerca y porque la pinche cámara la tenían ellas. Ya después Sandrita reaccionó y vino corriendo con Angie casi a cuestas. Para ese momento ya estaba más o menos despertando la clubber rayando en gropie que llevo dentro.

No habían pasado diez minutos de esto, cuándo, de la nada, apareció Antoine Clamaran. A ese hijo de su francófona jefa al cual, había esperado por ver, cerca de cinco años. Pues las veces que había venido yo estaba:

A) Muy pequeña

B) En las labores ñoñiles

C) Tirada en la depresión

Para variar la que reaccionó fue Sandy, y le dijo: Eh, Antoine cómo estas, obvio en francés, pero no encuentro el maldito carácter para escribir la palabra correcta. Angie se quedó con los brazos cruzados; con la cámara entre ellos, y yo, me quedé petrificada, para variar, en serio, sentía las miradas acusadoras de Sandra, sobretodo, y la propia presión de mis otros yo “dónde la cagues te pongo una madriza”. Me sentía como a punto de presentar el DALF o DELF sin saber absolutamente nada.

Obviamente, las risas, no se hicieron esperar por las otras dos cuartas partes del cuarteto de la muerte. Bien merecidas, pues, se SUPONE que estoy en proceso de entrenamiento, y SE SUPONE que puedo hablar un poco mejor. Bueno, ni los cárteles en francés los hice yo, de tan mal que andaba horas, nel, semanas antes. Si ustedes dos hijas del mal, del mal más querido, están leyendo este post, he cumplido mi amenaza, ya me balconee y esto, debería estar en ese bonito apartado intitulado “me zurró el culo” pero a mi misma. Pero si lo hiciera, perdería coherencia este post.

Superada la escena, es un decir, pues se mofaron por lo menos hasta que comenzó Antoine, seguimos dándole lata a Matthew Dekay. Y él, encantado de la vida, su set, nos pareció largo, pero cool, de esos, “ya estoy medio muerta pero no quiero sentarme” Beats elegantes, mezclas acertadas y gente, más o menos, al nivel de lo que esperaría cualquier dj.

Antoine, andaba de hiperactivo, durante el set del holandés, lo cual quiere decir, que estaba a nuestro alcance, de repente, ya con unos tres driks encima, Antoine, bajo de la cabina, como buscando algo, o alguien, yo qué sé. Momento aprovechado por Sandy y su servidora, para acosar a Antoine. Angie se nos había escapado un momento. Llegamos a Antoine, y el, todo lindo, accedió a tomarse la reglamentaría foto que ahora adorna este blog y su sucursal en my space, y yo, aproveché el momento para presumir mi cumpleaños, mentí, no era el sábado, pero si era la celebración no oficial, así que aplica. Me dijo Happy Birthday, lo cual medió me sacó de onda pues, yo le dije todo eso, con lo más esforzado de mis dos neuronas restantes, en francés.

Ya bien felices, regresamos a nuestro lugar frente a la cabina a acosar al holandés, nuevamente, pues Angie, no quería en ese momento su foto con Antoine. Y eso, verdaderamente, me zurró el culo.

En eso, bajó Benjamin, o sea, el B-jay, pues lo tenía sentenciado desde hace varias semanas, dejando comments casi amenazadores en su space diciendo algo así cómo “quiero mi abrazo, me la debes” Y bajó, precisamente a cumplir con uno más de los objetivos de su bloggera de confianza. La reglamentaría foto, y después de decirle feliz año nuevo, de una vez, pues no lo habíamos visto desde hace, cuando menos ocho o nueve meses.

Después de esto, nuevamente Antoine bajó de la cabina, solito, y obvio, y no íbamos a dejarlo así por mucho tiempo. Nos faltaba el autógrafo. Y esta vez, por el sopor de tanta tragazón pues se nos olvidó. El señor Clamaran, notó la situación, y dijo ¡Ah cómo en una servilleta! Y despareció un momento, yo ya pensando en lo peor, cuando regresó nos dio una foto que el mismo traía y nos dio en ella el autógrafo… luego lo subo pues no cabe ya en este post

Nuevamente apliqué la pendejez, y la única imbécil, que no tiene su nombre en su autógrafo, soy yo, aunque, si recordé la rola por la que, definitivamente había ido. “Ne obluie pas Release Yourself”. O sea, no olvides Realese yourself.

A eso de las tres de la mañana Matthew terminó su set, y nuestro acoso surtió el efecto que esperábamos. Miren nada más.

Para dejarle paso, al segundo monstruo, este, francés: Antoine Clamaran.

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