Cada vez que llueve, es inevitable que cierta comodidad llegue a mi. No sé, es como sentir que muchas cosas agradables, que pasaron demasiado rápido regresaran.  Libros con los que me engolociné,  recordar una de las pocas películas que me encataron, fiestas que, para mi mala fortuna nunca van a regresar.

Me gusta imaginar que es lo que pasa después de la lluvi, como la gente camina más relajada, como los embotellamientos, simplemente se disuelven, como la vida que se veía un tanto cuanto frustrada, renace, aunque sea solo por un momento.

El olor a asfalto mojado,  me relaja, no sé por qué pero lo hace. Despierta algo en mi mente que me lleva a otro lado. Auno dónde el café después de la cuarta taza no lastima el estomago, y dónde a alguien justo a las 7:00 PM se acuerda que necesita algo urgente.

Se acercan mis primeras vacaciones, y estoy más que impaciente por qué lleguen. Quiero recuperar, aunque sea un poco el tiempo que he dejado a mis compinches de toda la vida, mis proyectos, algo de la escuela, y sobretodo DORMIR.

Uno de los grandes placeres de los que, normalmente me tengo que privar.

Mañana es lunes, y ya me urge que termine la semana

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