El por qué sobrevivo tranquila a la pandemia.

He visto a muchos estos meses de encierro, volverse locos, y perder el control. Diría que no entiendo por qué, pero la verdad, es qué si lo sé, para mi este no es mi primer encierro obligatorio. Parte de qué originó el nacimiento de este blog y mi amor a la música electrónica, viene de un encierro doloroso que cambió brutalmente mi vida.

Tenía 13 años, y de repente una migraña al día siguiente se convirtió en una infección en un ojo, y luego se extendió al otro, en menos de 10 días, había perdido el 80% de la capacidad visual… Recuperé la vista, por supuesto, con un precio a pagar, se llama síndrome de cushing, se llamó depresión química.

Y hoy, la verdad creo que fue el mejor regalo que me pudo dar el universo. No es por qué me guste el dolor, pero me obligo a estar conmigo misma, además tuve el mejor apoyo psiquiatrico para superar el soberano vergazo de perder un sentido, recuperarlo, volver asumir que si de por si ya era “diferente” lo iba a ser aún más.

De los 13 a los 14 años, por la delicada situación fisica pero sobretodo mental y espiritual, me la pase encerrada en casa, sin tener la posiblidad siquiera de leer por riesgo de perder la cornea o el cristalino o de que el nervio óptico no pudiera recuperarse… solo podía hacer una cosa, saber quién era, qué era lo que ya no quería en mi vida, y que no estaba dispuesta a perderme jamás si es que podía una vez más, ver el amanecer y salir por mi misma a la calle.

Fue en esa época en la que llegó a mi, a través de mi radio: la música electrónica.

Evidentemente, al perder un sentido, aunque lo recuperé de verdad, de milagro gracias al esfuerzo sobrehumano de la neurologa que me atendió, hizo que el oído y el tacto tuvieran un desarrollo poco común. Literalmente, en ese autodescubrimiento de mi nueva realidad, la música se oía y se sentía diferente. Aprendí a crear un mundo en el que podía estar en cualquier parte del mundo a través de estos dos sentidos que se desarrollaron más para suplir un sentido faltante, que a pesar de qué regreso… me obligó a sentir diferente las cosas.

Un día, pude volver a ver el amanecer, y me pareció el espectáculo más maravilloso, andar por la vida explorando un mundo si, igual al de todos los demás, pero cada vez más fascinante, acompañada de algo desde mi walkman que cada día me iba enviciando lentamente hasta el punto de no retorno.

La psiquiatra me enseñó a descubrir quién era, que quería, lejos de expectativas sociales. Que las opiniones ajenas se me resbalaran, aunque vinieran de mi familia, por qué, además del síndrome de cushing también experimente un paro cardiaco, es decir la muerte por unos minutos. No fue la experiencia de estar del otro lado lo que cambio para siempre la forma en la que hacía las cosas, si no el saber que tenía la oportunidad de hacer lo que se me diera la gana, de probar el mundo, de probar sabores de nuevo, de sentir la música electrónica, de la que me estaba enamorando entonces en vivo un día.

En esa época fue también cuando decidí que no importaba, cómo o cuando pero iba a ser parte de la maquinaria que, a mi me regreso la vida, y también me estaba dando la oportunidad de soñar con algo más allá de las cuatro paredes de mi cuarto, que fue lo único que podía ver por todo un año.

Las crisis sirven para descubrir quién eres, a dónde vas, y cual es tu objetivo….

Mi objetivo, desde ese lejano 2002, fue ser parte de la música electrónica, para darle la oportunidad de encontrar una razón de vivir a alguien, que como yo en ese momento de la historia, no tuviera esperanza de nada, ni siquiera la de seguir existiendo.

Hoy cumplo 33 años, en unos meses 16 de hacer lo que más me gusta y además que me paguen por eso. El mejor regalo que me pudo dar el universo fue haberme quitado la vista y hacerme perder ese año de mi vida para descubrir quién era. No ha sido fácil, y he tenido mucha ayuda para materializar mi sueño, y también para mantenerme estable, por qué este, no ha sido el único golpe salvaje que me dio por algún motivo la vida.

La música electrónica fue mi milagro ¿Y el de ustedes?

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