¿Y por qué no?

Resistir en una industria volátil como la de la música electrónica, y además fiel a tus principios es un acto de fe que no necesariamente sale bien. Resistir en una industria de hombres, siendo mujer puede que te cueste muchos años de sueño. Tener que convertirte en un jueza implacable, también tiene costos que no cualquiera está dispuesto a pagar.

A final de cuentas, a mi nunca se me olvida de dónde vengo. A mí, aún no se me ha olvidado la niña de 13 años que un día, después de un mes con corticoesteroides y las venas ya colapsadas, finalmente pudo volver a ver un amanecer. Después de esa, y muchas batallas más, el mundo de la música electrónica, es un juego de niños.

Hay habilidades que se pulen con el tiempo, pero la pasión y el amor por lo que haces, es lo que hace que trascienda. Cada vez que volteo a la ventana de mi oficina, y vuelvo a ver un atardecer, es solo un recordatorio, muy feliz de qué si se puede. Aunque hayan dicho mil veces que era imposible. A final de cuentas, el hecho de que siga caminando, en si mismo es un milagro. Durante años, crecí, y sobreviví oyendo que no podría hacer todo lo que hoy sé perfectamente que soy capaz de hacer en todo sentido.

A final de cuentas, en el fondo la niña que decidió a los 13 años que se iba a dedicar a la música electrónica pasara lo que pasara, se salió con la suya, y todos los días hay un recordatorio al atardecer, en la ventana de que lo imposible, se volvió hoy, una realidad de todos los días.

La música electrónica, desde que la conocí en 2001, se convirtió en un salvavidas, en un escape de un sistema al que NO quería pertenecer. Y cada vez que llega a mis manos un Dj, tratando de crecer, veo un pedazo del trabajo de décadas atrás… trabajo que hoy si ya me vale madres decir que era mío, y del Dj al que le debo la vida que SI quería tener. A final de cuentas, ese amor, el de verdad por la música electrónica, trasciende cualquier barrera.

Tal vez, si hoy pudiera viajar a 2002 y volver a ver a la adolescente que fui, que odiaba estar en el taller de secretariado, haciendo mecanizaciones de ejercicios de mecanografía, para un patrón, que afortunadamente no tuve nunca en la vida, que me sonaban serviles, e invalidantes… Me encantaría decirle, que se salió con la suya. Que valió la pena el infierno que vive… por qué al final, un día, más de 20 años después finalmente si, iba estar escribiendo sin ver el teclado, pero con los atardeceres más espectaculares, sucediendo justo a un lado de su ventana, oyendo la misma rola que entonces… solo que con sueños, cada vez más grandes de cambiar una industria, hasta sus cimientos…

Una rola que curiosamente tiene en el video, la mismas máquinas de escribir Olivetti, que odiaba utilizar en ese taller de secretariado, antes de la salida a las 2:00 de la tarde…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.